Grenoble y el espíritu de la Revolución Francesa

Entre el curso del río Drac y la meca del esquí en los Alpes Franceses de los tres valles (Les Trois Vallées) se encuentra la hermosa y acogedora ciudad de Grenoble, un verdadero regalo para el viajero encajado entre tres grandes moles montañosas: las del Vercors, la Chartreuse y la Belledonne.

Esta pequeña ciudad universitaria joven está llena de vida, con un casco histórico pequeño, acogedor y fácil de recorrer. Se trata del segundo centro de investigación científica de Francia (sólo por detrás de París), dotado de una rica vida cultural y excelentes restaurantes donde disfrutar de lo mejor de la gastronomía de Saboya.

El epicentro de la ciudad y punto inicial de cualquier paseo es la Place de Notre Dame, siempre muy animada por la noche. Allí se ubica la Fontaine des Trois Ordres, que conmemora los acontecimientos que llevaron a la Revolución y en la que están grabados todos los actos de resistencia a la monarquía, precursores de la agitación revolucionaria. Liberté, Egalité et Fraternité.

No es este el único lugar que nos evoca el pasado revolucionario de Grenoble. Cabe destacar también e Castillo de Vizille, situado al sur de la ciudad, que fue residencia de los presidentes de la República Francesa y cuenta con un extenso parque donde hay incluso un pequeño zoo. Vizille vio nacer la Revolución Francesa y por eso se encuentra allí el Museo de la Revolución.

Para acabar, no hay que irse de Grenoble sin disfrutar de las vistas de la ciudad desde la Fortaleza de la Bastilla. Para ello, lo mejor es subir con el teleférico construido en 1934, aunque posteriormente renovado, que en pocos minutos nos lleva hasta esta fortificación del siglo XIX, con un panorama impresionante.

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