El Coliseo, el icono de la ciudad eterna

Cuando se habla de Roma a todo el mundo le viene a la mente la imagen imponente del Anfiteatro Flavio, más conocido como el Coliseo. Este es uno de los monumentos más famosos de la antigüedad clásica, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1980 por la Unesco y una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno el 7 de julio de 2007.

Nadie viaja a la ciudad eterna sin rendir visita a esta espectacular construcción y dejar volar la imaginación, tratando de recrear como fue este lugar en sus tiempos dorados, cuando acogía a más de 50.000 espectadores que presenciaban las luchas de gladiadores, las naumaquias (recreaciones de batallas navales) y otros espectáculos sangrientos.

Un poco de historia: el Coliseo fue construido en el siglo I d.C. durante los reinados de los emperadores de la dinastía Flavia (Vespasiano, Tito y Domiciano), en su época de mayor esplendor.

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente el brillo del Coliseo se apagó. En la época medieval sufrió saqueos y terremotos. Los vecinos arrancaron piedras para levantar nuevas casas así como clavos y vigas de bronce para ser fundidos y fabricar armas.

Visitar el Coliseo en la actualidad es realizar un viaje en el tiempo y disfrutar de una impagable lección de historia. Desde el exterior nos sorprenden sus enormes dimensiones. En las inmediaciones del anfiteatro pululan toda clase de artistas callejeros vestidos de centuriones y gladiadores que, a pesar de las restricciones municipales, se dejan fotografiar a cambio de una propina.

En el interior, muchos echan en falta la arena, que ha desaparecido dejando al descubierto el complejo sistema de pasillos y galerías que se desplegaba bajo el suelo.

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