Musée d’Orsay de París, parada en la estación del arte

En el año 1900 se construyó en París la hermosa estación de ferrocarril de Orsay, a orillas del Sena, para acoger a la multitud de visitantes que iban a llegar a la capital francesa para la Exposición Universal de ese año. Pero casi un siglo después dejó de ser operativa y parecía condenada a ser demlida sin remedio.

Solo había un modo de salvar a la vieja estación de su destino: convertirla en el museo que le faltaba a la Ciudad de la Luz para ser perfecta: el que tenía que cubrir un periodo excepcional de la historia del arte francés y mundial: el siglo XIX. Ya estaban el grandioso Museo del Louvre y el moderno Centre Pompidou. Y a partir del año 1986 llegó también el Musée d’Orasay para convertirse en poco tiempo en uno de lso mejores museos de arte del mundo.

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El Museo de Orsay, que ha mantenido las viejas estructuras de la estación, tiene uno de los diseños más originales de Europa. Pero lo mejor está en el interior: un sinfín de tesoros artísticos reunidos bajo el techo de cristal y acero, desde los primeros lienzos de Monet hasta los atrevidos ensayos de los postimpresionistas como Cézanne, Van Gogh o Gauguin…  Por este motivo este museo también es conocido como “el templo de lso impresionistas”.

Pero hay más: en el piso superior hallamos el gran reloj que preside la sala principal y un gran balcón que nos permite disfrutar de las vistas de la colina del Sacré Coeur que se obtienen desde el piso más alto de la estructura. ¿Se le puede pedir más a un museo en París?

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