Amadeus, un lago de otro mundo

Hoy viajamos a otro mundo sin salir de nuestro planeta. Porque un paisaje como el del Lago Amadeus, en Australia, es digno de una película de ciencia ficción, el escenario de una aventura lejos de la Tierra.

Este incólito lugar se halla en la esquina suroeste del Territorio del Norte de la isla-continente, a unos 50 km al norte del Monte Uluru o Ayers Rock, el ombligo de Australia, otro monumento natural que asombra y sobrecoge. No cabe duda que estamos en una tierra mágica donde se dan grandes prodigios.

Amadeus Lake, y su hermano pequeño, Neale Lake, están cubiertos de sedimentos depositados desde las montañas cercanas  hace más de 500 millones de años. Debido a la aridez de estas tierras, estos lagos se inundan sólo durante los períodos de fuertes lluvias. El resto del año el lago Amadeus permanece seco y recubierto por una gruesa costra de sal blanca y brillante.

Pero aún así el paisaje es cualquier cosa menos monótono. Esta capa salina está salpicada por decenas de pequeñas islas de arena roja que sobresalen apenas unos centímetros por encima de la superficie del lago. Algunas plantas han echado raíces en estas islas de arena, formas de vida muy resistentes y capaces de soportar la sal, el calor y la sed.

En definitiva este singular lago de 180 kilómetros de largo y 10 km de ancho es el mayor lago de agua salada en el Territorio del Norte. Se calcula que puede contener hasta 600 millones de toneladas de sal que no puede ser aprovechada debido a su ubicación, lejana y e inaccesible.

El lago fue descubierto por el explorador Ernest Giles en 1872 y, he aquí la curiosidad, lo bautizó con el nombre del Rey Amadeo de España, quien le había concedido su título nobiliario.

Viajando por Oceanía las palabras clave son , , .