La puesta a punto del Big Ben de Londres

Por muchas nuevas atracciones que aparezcan en Londres, como el Shard o la Torre Orbyt del Parque Olímpico, los turistas siguen siendo fieles a los “clásicos” de la capital británica, como la postal de las Casas del Parlamento y  la silueta del famoso Big Ben.

Sin embargo, muchos turistas se llevan en su visita una imagen poco habitual: los trabajos de puesta a punto del reloj más famoso del mundo. Una vez al año, cuatro expertos operarios se suspenden con cuerdas y arneses frente a la esfera del reloj para dejar relucientes cada una de sus cuatro caras. Es día la maquinaria detiene sus agujas para facilitar las tareas de limpieza. Es algo que no se ve todos los días.

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En realidad, se dedica un día entero para cada una de las caras de la torre. El trabajo tiene su riesgo, pues los operarios deben realizarlo a  95,7 metros de altura. A cambio obtienen unas vistas espectaculares del Támesis a su paso por la ciudad.

Hace falta mucha paciencia y precisión para dejar relucientes cada una de las 312 piezas de fino vidrio opalino de color blanco que están ensambladas en el marco de hierro fundido. Por eso solo los más expertos son izados hasta lo más alto del Big Ben. Al fin y al cabo, se trata de una pieza que forma parte del patrimonio nacional británico y el mayor icono de Londres.

Durante esta jornada, las manecillas del reloj se quedan paradas en las doce en punto para no estorbar a los limpiadores, aunque la gran campana de 16 toneladas que da nombre al Big Ben sigue marcando las horas (y por eso los operarios trabajan con un equipo especial para aislarse del ruido).

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