Pécs, el tesoro desconocido de Hungría

Pécs es la quinta ciudad más grande Hungría pero la primera en tesoros culturales y artísticos, con permiso de Budapest. Una ciudad en la que han dejado su huella griegos, serbios, croatas, alemanes, gitanos y judíos.

Lo mejor de esta ciudad universitaria es su ambiente estudiantil y su tamaño intermedio, que la hace ideal para visitar a pie. Sí, es una ciudad modesta pero en la que viven muchas minorías y es, por tanto, polifacética. Al ser una puerta abierta a los Balcanes, en Pécs se respira una atmósfera abierta, alegre y curiosamente mediterránea.

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Cuando fue nombrada capital cultural europea en 2010 su lema fue “la ciudad sin fronteras”, lema que se ha mantenido porque describe muy bien el espíritu de Pécs. Y sin embargo, estuvo en la frontera entre el occidente cristiano y el oriente musulmán durante siglos.

El resultado de esta mezcla se observa en la mezquita de Gazi Pasha Khásim, hoy iglesia parroquial, salpicada de símbolos de ambos credos. Más moderno es el Museo Vasarely dedicado al pintor Victor Vasarely nacido en Pécs, un festival de la confusión en los años sesenta con figuras geométricas imposibles.

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Desde su capitalidad cultural los turistas que visitan Pécs se han multiplicado, por lo que se han construido nuevos y elegantes hoteles, restaurantes, cafeterías y una gran zona peatonal llena de comercios. La ciudad es famosa también por su poferta de ocio nocturno y por su amor a la música, que alcanza su máxima expresión durante el mes de septiembre cuando en el Teatro Nacional de Pécs se celebra la fiesta de la ciudad, el Örökség festival, con conciertos de música clásica e internacional

Y para redondear la visita, nada mejor que darse una vuelta por los alrededores y pararnos en un bonito pueblo llamado Villány, donde se elabora el delicioso Tokaj, el emblemático vino magiar.

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