El Puente de Mostar en Bosnia-Herzegovina

En ningún país como Bosnia-Herzegovina están más presentes las viejas heridas de la Guerra de los Balcanes y, aunque hoy el país prospera y se abre lentamente al turismo internacional, es imposible no estremecerse al visitar la ciudad de Mostar y su famoso puente viejo, el Stari Most, que se arquea majestuosamente sobre las aguas del río Neretva.

El Puente de Mostar es una construcción de piedra que se atribuye a los turcos en el siglo XVI y que en su punto más elevado se levanta a una altura de 24 metros sobre el agua. Hoy su aspecto es bello e imponente, pero en 1993 esta joya fue reducida a ruinas después del largo asedio y una serie de devastadores bombardeos.

Aquella guerra, de la que algunos todavía no nos hemos olvidado, se distinguió por la brutalidad desplegada por ambos bandos, una barbarie que tampoco respetó a los monumentos de la ciudad: se destruyeron mezquitas e iglesias, tanto católicas como ortodoxas, la biblioteca de la ciudad y todos sus tesoros fueron reducidos a cenizas y el Puente de Mostar, convertido en un montón de escombros.

Hubo que esperar hasta 1994, diez años después del fin del conflicto, para que se reconstruyera el Stari Most, respetando eso sí su estructura y aspecto originales. El diseño otomano se mantuvo intacto, incluidas sus dos torres también conocidas como “los guardianes del puente”.

Hoy la ciudad vuelve a brillar como en sus mejores días y recibe cada día un mayor número de visitantes. Todos ellos no pueden evitar acercarse al puente, hoy lleno de artistas callejeros, terrazas, cafeterías y tiendas de souvenirs, pero donde una estela pintada recuerda a todos: “Don´t forget 1993”, el año fatídico para Mostar y sus habitantes, una historia que no debería volver a repetirse.

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