Estrasburgo, en el corazón de Europa

Situada en el corazón de Europa, la ciudad de Estrasburgo ofrece al viajero lo mejor de dos culturas: la francesa y la alemana. Las aguas del Rin, que se adentran con sus canales y estanques en la ciudad son una de las grandes peculiaridades y atractivos de la ciudad, dibujando encantadores barrios como La Petite France.

Buscar hoteles en Estrasburgo es también sumergirse en su deliciosa gastronomía, una forma de conocer algunas de las más importantes instituciones de la Unión Europea y descubrir por qué es el lugar favorito de los franceses para celebrar la Navidad. Un destino elegante y lleno de lugares de interés para el viajero.

En una región históricamente disputada por alemanes y franceses, Estrasburgo no solo ha sabido adoptar lo mejor de ambas naciones sino que ha sabido reinventarse erigiéndose hoy como una de las ciudades claves en el proyecto de Unión Europea.

Aquí encontramos la Sede del Consejo de Europa, el Parlamento Europeo y el Palacio de los Derechos del Hombre, entre otros organismos e instituciones. Por este motivo el ambiente de la ciudad es cosmopolita y europeo, aunque sin perder su espíritu tradicional que se conserva intacto en las calles peatonales del centro que rodean la impresionante catedral gótica de Estrasburgo.

La misma esencia auténtica y cien por cien alsaciana se puede percibir admirando durante nuestro paseo por la ciudad los viejos edificios con los entramados de vigas de madera en las fachadas. Aquí están algunos de los hoteles en Estrasburgo más encantadores, que cuentan además con una ubicación privilegiada.

El agua es un elemento de gran importancia en Estrasburgo, no solo en el puerto del Rin, sino también en los estanques urbanos como el de Vauban, atravesado por los famosos puentes cubiertos, o en el encantador barrio de La Petite France, surcado de canales que reflejan la belleza de la arquitectura tradicional alsaciana.

También este barrio es donde encontraremos los hoteles en Estrasburgo más románticos, y el lugar ideal para sumergirnos en la apasionante aventura de la gastronomía alsaciana, que combina la contundencia alemana con el refinamiento francés. Un plato sencillo, económico y delicioso es el Flammkuchen, una especie de pizza de carne, nata y cebolla que debemos saborear acompañada de un buen vino blanco de la región.

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