El Parque Eduardo VII, jardín de fantasía en Lisboa

Al final de la Avenida da Liberdade de Lisboa, dando la espalda al Tajo, nos encontramos con la Plaza Marqués de Pombal. Detrás de ella se extiende un enorme parque con fabulosos setos y creativos dibujos que parecen querer escalar la colina. Es el Parque Eduardo VII, que con sus 25 hectáreas es el más extenso de la capital de Portugal.

Aunque cuando fue diseñado su nombre era Parque da Liberdade, tras la visita del rey inglés, y en honor a la tradicional alianza entre británicos y portugueses, fue rebautizado con su nombre actual.

Es curioso el nombre del principal jardín de este parque: La Estufa Fría, un espacio de unos 8.100 m2 creado en el año 1930 sobre una cantera en la que abundaba el agua de manantial.

Cubierta por listones de madera que hacen las veces de techo y aislante para los fríos inviernos y el calor estival, se trata de un lugar bello y acogedor donde crecen cientos de especies vegetales de todo el mundo a lo largo de senderos, estanques y cascadas. También vale la pena visitar su invernadero llamado, como no, la Estufa Quente (estufa caliente).

Otro de los grandes lugares del parque es el Pabellón de los Deportes, hoy empleado como escenario de lujo para eventos culturales. Fue rebautizado como Pabellón Carlos Lopes en homenaje al portugués ganador de la maratón olímpica en Los Angeles 1984.

Para acabar la visita hay que irse hasta el extremo norte se encuentra el Monumento al 25 de abril, que rinde homenaje al día de la Revolución de los claveles que puso fin a la larga dictadura de Salazar en Portugal en el año 1974.

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