El encanto de los cafés de Viena

Poca gente sabe que el café no llegó a Europa desde América, sino desde Oriente, y lo trajeron los otomanos en su imparable expansión por el este del viejo continente durante los siglos XIV y XV.

Esta fulgurante invasión fue frenada en las puertas de Viena. Se dice que los turcos, en retirada, abandonaron uno sacos de café que los austriacos, entre la curiosidad y la codicia del botín, requisaron para empezar a elaborar delicioso café. Ahí empezó la larga traición vienesa de los locales para tomar café, conocidos en todo el mundo por su elegancia y distinción.

Es solo una versión, porque parece que el café ya era conocido en Europa antes de la famosa batalla. Es igual, la cuestión es que durante siglos nadie pudo rivalizar con los cafés vieneses en fama y reconocimiento.

Por todo esto es imprescindible si visitamos esta hermosa capital detenernos al menos una ocasión en uno de sus famosos cafés y tomarnos una taza acompañada de un buen pastel (¿qué tal la Sachertorte?) y disfrutar de su ambiente señorial.


Entre los clásicos podemos destacar los cafés que en la época dorada de la ciudad, a finales del siglo XIX y principios del XX, fueron puntos de encuentro de políticos, artistas e intelectuales de toda Europa.

Algunas sugerencias: el ambiente bohemio del Hawelka (Dorotheegasse 6), la magia de un auténtico café literario del Central (Herrengase 14), el siempre animado Blaustern (Döblinger Gürtel 2) o el enorme y céntrico Salon Tuchlauben (Tuchlauben 15), en plena zona peatonal y siempre lleno hasta los topes.

Pero tal vez el más auténtico sea el Café Sacher Wien (Philarmonikerstrasse 4) donde se elabora la famosa tarta de chocolate. Imposible mejor acompañamiento para nuestro café vienés.

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