Chile: las ciudades del Nitrato

Conocido como oro blanco o el salitre de Chile eran algunas de las formas más habituales de denominar a lo que científicamente se conoce como nitrato de sodio, un recurso valioso que, hasta principios del siglo XX, abundaba en este país sudamericano y que motivó la construcción de lo que se conocen como “las ciudades del nitrato”.

El nitrato de Chile puede matar, aunque también puede ayudar a la vida. Pasa lo mismo con su pariente cercano, el nitrato de potasio, puede utilizarse como fertilizante, aunque también como explosivo. Era extremadamente raro y solo se podía encontrar aquí.

 

Tan valiosa era el nitrato para Chile fue a la guerra con sus vecinos para poder conservar los territorios donde se encontraban las principales minas de nitrato. Es la olvidada “Guerra del Pacífico”, en la que Chile, Perú y Bolivia lucharon por el control de este territorio. Los chilenos vencieron pero las reivindicaciones de peruanos y bolivianos siguen en pie.

Humbert y Santa Laura son algunas de las ciudades que crecieron en este lugar desierto e inhóspito, a unos 800 km al norte de la capital Santiago. En sus minas trabajaron gentes llegadas de todo el país y muchos emigrantes europeos que viajaron hasta aquí en busca de trabajo y fortuna.

 

La prosperidad de estos lugares acabó en una fecha concreta: en el año 1909, cuando dos científicos alemanes, Fritz Haber y Carl Bosch, descubrieron la manera de concretar el  nitrógeno químicamente, es decir, fabricar este nitrato en un laboratorio y producirlo industrialmente. Una tragedia para las ciudades del nitrato, que cayeron en una rápida decadencia y acabaron siendo abandonadas.

Hoy en día los restos de estas oxidadas ciudades fantasma, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2005. son un poderoso reclamo para los que viajan al norte de Chile y al desierto de Atacama.

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