El Big Ben de Londres, puntualidad británica

Si cerramos los ojos y pensamos en el icono más representativo de Londres casi sin quererlo nos vendrá a la mente la imagen del Big Ben, el gran campanario, sobtrio y elegante, que se levanta junto  a las Casas del Parlamento a orillas del Támesis.

El Big Ben fue construido en 1858 junto al nuevo Palacio de Westminster. Su torre de estilo gótico mide nada menos que 106 metros de altura y presenta cuatro enormes relojes situados en sus caras. Son los que marcan la hora de los ciudadanos londinenses desde hace más de un siglo, con sus campanadas características, una sencilla melodía conocida en todo el mundo.

Se suele llamar Big Ben  a la Torre del Reloj, lo cual no es del todo cierto, ya que el nombre de “el Gran Ben” se refiere a la gran campana de 14 toneladas que se encuentra en el interior de la torre.

Los relojes de la Torre son cuatro grandes esferas de 7 metros de diámetro en cada una y hacen honor al tópico de la puntualidad británica ya que se trata de uno de los relojes más fiables que existen en el mundo, capaz de soportar cualquier clase de inclemencias como la nieve o el viento. No siquiera se retrasó ni adelantó durante los feroces bombardeos de la ciudad durante la II Guerra Mundial.

El único retraso conocido del Big Ben se produjo en la Nochevieja de 1962, debido a la gran cantidad de nieve que se depositó sobre sus agujas. Por lo demás, el mecanismo ha funcionado a la perfección, salvo una avería en el año 1976 que mantuvo el reloj parado durante varios meses. Algo que los londinenses, haciendo gala de su humor socarrón al estilo británico, interpretaron como una señal del Apocalipsis.

Para visitar el Big Ben hay que solicitar un permiso especial. Como la torre no tiene ascensor, los visitantes deben subir una larga y estrecha escalera de 334 escalones que lleva hasta el piso superior. Sobra decir que las vistas desde arriba son magníficas.

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