El Museo Guggenheim de Bilbao

La inauguración del Museo Guggenheim de Bilbao el 18 de octubre de 1997 suponía el punto final de la larga etapa de transformación de la ría y de toda la ciudad, que decía adiós a su pasado industrial para abrir una nueva era en la que el turismo se convertiría en el principal motor económico.

Atrás quedaron los años del gris Bilbao de los Altos Hornos y la industria pesada. La ría se convirtió en un bonito paseo rematado por la joya de la corona de la ciudad: este museo  curvilíneas y retorcidas, recubiertas de piedra caliza, cortinas de cristal y planchas de titanio concebido por el genio de Frank Gehry, que ha dejado su huella en otras ciudades europeas como Düsseldorf.

El Guggenheim se sitúa al lado de la ría, junto al Puente de La Salve, en un amplio espacio urbano donde encontramos jardines, parques infantiles, fuentes y estatuas. La más famosa es la del perro gigante Puppy, revestida de plantas y flores. A los bilbaínos les gusta bromer diciendo que el museo es en realidad “la casa del perro”.

Otra de las estatuas más fotografiadas es la de “Mamá”, la araña cuyas largas patas se elevan por encima de la cabeza de los transeúntes, obra de la escultora francesa Louise Bourgeois.

Pero su deslumbrante aspecto exterior no debe eclipsar las magníficas exposiciones que alberga el Museo Guggenheim, visitado por cerca de un millón de personas cada año. Muchos especialistas aseguran que la calidad de dichas exposiciones está por debajo del valor artístico del edificio, hoy convertido en el gran icono de Bilbao y un lugar de visita obligada.

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