Copenhague: los Jardines de Tivoli

El Tivoli de Copenhague, que abrió sus puertas en 1843, es el segundo parque de atracciones más antiguo del mundo. Con sus viejos y clásicos tiovivios, sus paseos en barca, los templetes donde las orquestas regalan a los visitantes deliciosas melodías de música en vivo sinfónica y el teatro chino Arlequin, diseñado como si fuera un pavo real gigante, es el parque de atracciones más visitado de Dinamarca y también de toda Escandinavia.

Por la noche, sus jardines brillan con luces de colores y pequeñas linternas. Y en verano, los fuegos artificiales explotan majestuosamente sobre todo el parque.

 

Situado en el centro de Copenhague, el Tivoli no queda lejos de otros grandes puntos de interés de la ciudad como es la plaza del ayuntamiento, la casa de Hans Christian Andersen, o la estación central.

El parque fue fundado por Georg Cartensen, que según se cuenta convenció al rey con un argumento definitivo: “cuando la gente se divierte, no piensa en política”. El pan y circo de los romanos en versión danesa. Y realmente fue equipado con todo lo necesario para divertirse: restaurantes, cafeterías, un teatro, jardines y flores, atracciones y curiosos edificios de estilo oriental.

Tan seductor e impactante es el Tivoli que no deja a ningún visitante indiferente. Michael Jackson quiso comprarlo y el mismo Walt Disney, que dijo de él que “tenía exactamente lo que un parque de atracciones debía tener” se inspiró en él para diseñar el primer Disneyland. Sin embargo, el Tivoli es mucho más tranquilo que los parques de Disney y que cualquier otro parque temático.

Con permiso de la Sirenita, el Tivoli es probablemente el monumento más visitado de Copenhague, cuya gran atracción es hoy el Dæmonen (El Demonio), una gran montaña rusa inaugurada en 2004 en la que las piernas de los osados que se montan en ella cuelgan sobre el vacío durante todo el paseo.

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