Las Cuevas de Batu en Malasia

Durante el Thaipusam, la celebración anual del triunfo del bien sobre el mal, cientos de miles de peregrinos suben los 272 escalones de las Cuevas de Batu, en Malasia, cargados de kavadis, ofrendas simbólicas que pueden ir desde cestas de frutas y flores hasta creaciones artísticas elaboradas y profusamente ornamentadas.

Este festival honra la victoria del dios hindú Murugan sobre el demonio Surapadman. Las imágenes más famosas de este festival son escalofriantes: devotos con mejillas y lenguas atravesados con lanzas y agujas ceremoniales. Un sacrificio que, junto al ayuno y otros rituales, ayudan a los fieles en su experiencia mística.

 

Situadas a 7 kilómetros a las afueras de Kuala Lumpur, las cuevas se hicieron famosas en el año 1878 gracias al zoólogo William Temple Hornaday, que ha pasado a la historia como descubridor de la tribu de los pigmeos. En la época colonial, las cuevas eran un sitio muy popular entre las parejas británicas para ir de picnic. Las escaleras se han añadido en tiempos más recientes.

A la galería principal de la Cueva del Templo se llega por una larga escalera de más de un kilómetro.  Es un camino entre penumbras ya que unas pequeñas aberturas horadadas en la pared dejan entrar la luz natural.

Una gran estatua dorada del dios custodia la entrada de las cuevas, que por otra parte son el hogar de una gran colonia de macacos de cola larga. Estos animales, que no paran de correr y saltar de un lado a otro, son totalmente inofensivos pero hay que ir con cuidado porque son muy aficionados a robarle a los turistas las gafas de sol, las cámaras y las mochilas.

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