La Montaña de Fuego de Azerbayán

Unas llamas misteriosas que emanan del suelo por todas partes. El primer occidental en descubrir este espectacular paraje en la península de Abseron, en los alrededores de Bakú, capital de Azerbayán, fue Marco Polo. No es de extrañar que registrara este lugar en su memoria de viaje como “la Tierra del Fuego”.

Siete siglos después, las llamas siguen ardiendo, fascinando a unos y aterrorizando a otros, aunque los azeríes que viven cerca de Yanar Dag están más que acostumbrados a ellas. No se trata de magia negra ni de obra de demonios, todo se debe a un curioso fenómeno natural.

En el subsuelo de esta región se hallan enormes bolsas de gas natural. Cuando empezó a extraerse con cierta regularidad, a mediados del siglo XX, la presión de estas bolsas disminuyó y muchos fuegos fueron extinguiéndose. Fuegos que llevaban encendidos cientos, tal vez miles de años, a consecuencia de pequeños escapes y fugas que combustionaron. Son los “incendios naturales”.

No es de extrañar pues que la región que ocupa hoy el estado deAzerbaiyán jugara hace milenios un papel fundamental en la creación y el desarrollo del zoroastrismo, una fe mística que gira en torno a los cultos ceremoniales del fuego durante la Antigüedad.

En Yanar Dag se encuentra el más espectacular de estos fuegos: una pared de unos 10 metros de fuego inextinguible que se levanta vertical y fantasmagóricamente desde el suelo. Los turistas acuden en grandes grupos, sobre todo por la noche, cuando la visión resulta más espectacular. Los lugareños, conscientes del potencial turístico del lugar, ya han construido un improvisado mirador y una casa de té entre otros negocios.

El fuego sigue aterrorizando y a la vez acompañando al ser humano desde sus orígenes. Viajar a este lugar y mirar de frente a un fuego viejo, desnudo y místico es una forma de reencontrarse con ellos.

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