El Puente de las Cadenas de Budapest

Hasta el año 1873 la ciudad de Budapest tal y como hoy la conocemos no existía. Se trataba de dos ciudades, Buda y Pest, divididas por el curso del Danubio. Fue gracias a la construcción del Puente de las Cadenas cuando ambas ciudades pasaron a fundirse en una sola, la capital actual de Hungría.

Se trata de un puente colgante que tiene cadenas en lugar de cables, de ahí su nombre.  Una bellísima obra de ingeniería de estilo inglés y uno de los grandes emblemas de la ciudad. Todo gracias al conde húngaro István Széchenyi, que pasó de su bolsillo el proyecto.

Destruido por los nazis durante la II Guerra Mundial, el puente fue reconstruido y reinaugurado en 1949, respetando su aspecto original, incluidas las soberbias esculturas de los leones que custodian las entradas. Estos leones fueron esculpidos por Marschalkó János y son objeto de muchas leyendas populares.

La leyenda que más se suele contar es la de que el escultor presumía de que sus leones eran tan perfecto que si alguien les encontraba algún defecto él se quitaría la vida. Fue un niño el que notó que ninguno de los leones tiene lengua. El artista, aterrorizado por la amenaza de tener que cumplir su palabra,  argumento que los felinos no son como los perros, que al jadear no muestran sus lenguas. Es decir: las lenguas estaban, pero escondidas tras los colmillos.

Otra leyenda, tan improbable como la anterior, cuenta que al descubrir el error la gente empezó abrurlarse del escultor el cual, avergonzado, se arrojó al río. Falta por demostrar la veracidad de otra leyenda que afirma que si la ciudad corre algún peligro, los leones cobrarán vida y acudirán a defenderla. por desgracia, no se movieron de allí ni durante la invasión nazi ni con motivo de la ocupación soviética de la ciudad.

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