El Puerto Viejo de Marsella

Marsella es la principal ciudad del sur de Francia y la segunda más grande del país. Además de ser un centro industrial y comercial de primer orden, lo que más destaca es su actividad portuaria. Y es que el Puerto Viejo de Marsella, llamado Vieux-Port, tiene a sus espaldas una larga historia llena de mitos y relatos.

Sin embargo, si llegas a la ciudad a bordo de un crucero desembarcarás en el nuevo, moderno y aséptico Port Neuf, a las afueras de la ciudad. Tendrás que desplazarte a la parte antigua para disfrutar del sabor tradicional y marinero de este lugar tan emblemático.

El viejo puerto, escenario de un millón de historias de la mafia, algunas reales y otras inventadas, se ha reciclado y en la actualidad se usa como puerto deportivo. Los antiguos talleres del puerto están clasificados como monumentos históricos y desde allí salen los trenes turísticos que nos llevarán de paseo por la ciudad. Ni rastro de las sórdidas tabernas y oscuros callejones por los que era peligroso andar hace solo un par de décadas.

Marsella no puede competir en belleza con su rival de la costa azul, Niza, aunque sí en lugares interesantes. En el puerto antiguo por ejemplo hay algunos que conviene no perderse: la Abadía de San Víctor, el Faro de Santa María, la Avenida La Canebière o el Museé des Docks Romaines, que nos hace viajar dos mil años atrás cuando Massalia era uno de los grandes puertos del imperio.

No solo eso. También podemos embarcarnos en el Ferry Boat, la línea marítima comercial más pequeña del mundo que cruza de un lado a otro los escasos 200 metros de amplitud del Vieux Port.

Y para los mitómanos está por supuesto la travesía hasta la isla de If, en cuyo castillo se desarrolla parte de la novela de Alejandro Dumas: El conde de Montecristo.

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