Binibeca Vell, la pequeña joya de Menorca

Sin duda la isla de Menorca es el destino perfecto para quien quiera viajar al encuentro del Mediterráneo más genuino y auténtico. Esta isla, declarada Reserva de la Biosfera, se conserva casi de manera milagrosa intacta. Su costa se ha mantenido a salvo de la urbanización salvaje, y lo que se construyó en la época del boom turístico fue hecho siguiendo los criterios estéticos de las tradicionales edificaciones menorquinas.

El mejor ejemplo de esto es sin duda el Pueblo de Pescadores de Binibeca Vell, en el sureste de la isla: un encantador y coqueto pueblo de casas blancas y pequeñas, callejones empedrados y un pequeño embarcadero.

Binibeca Vell fue construido en 1972 con la idea de reproducir un idílico pueblo de pescadores menorquín. El resultado es esta  pequeña y delicada joya que no puede faltar en la lista de todos los que viajen a la isla.

No se trata de un artificio: las casas de esta laberíntica aldea de paredes encaladas y persianas azules están habitadas y muchas de ellas se alquilan a los turistas. En el pueblo hay una pequeña iglesia, un supermercado y varios comercios y restaurantes.

Cerca de playas tan bonitas como la de Binisafuller o Punta Prima, rodeada de naturaleza y envuelta en una paz y tranquilidad imposible de hallar en otro lugar de las Baleares, Binibeca Vell es el lugar ideal para refugiarse del mundo y disfrutar del sabor del Mediterráneo real.

Si viajas en Menorca podrás llegar a Binibeca desde Sant Lluís, otro pueblo blanco, más grande y en el interior, fundado por los franceses hace tres siglos. Basta con seguir las indicaciones hacia Binibeca (o Binibequer) y una vez llegados allí desviarse hacia el poblado de pescadores.

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