Georgia, el alma del Cáucaso

Ni en Europa, ni en Asia. Georgia se ubica en esa región incierta del mundo llamada el Cáucaso. Es un país antiguo que languideció durante la época soviética y ahora busca sus raíces y su identidad, abriéndose poco a poco para que los turistas se animen a conocerlo.

Los georgianos tampoco están seguros de si su país es europeo y asiático. Lo único que tienen claro es que no quieren ser rusos. La frontera entre ambos países es uno de los puntos calientes de la región. Más tranquilo es el paso con la vecina Turquía, por la ciudad de Sarpi, a orillas del Mar Negro.

A poca distancia se encuentra el primer gran foco turístico de la nueva Georgia: la ciudad balneario de Batumi, poblada de hoteles y sombrillas, un lugar que disfruta de un clima cálido, subtropical y alegre. Pero hasta hace poco fue solo una gris ciudad industrial, el principal puerto de Georgia en el Mar Negro. Hoy su centro está siendo restaurado y repoblado con restaurantes, salas de juegos y bares de copas.

Pero a los georgianos les queda un largo camino por recorrer en el mundo del turismo. La gente es amable y hospitalaria, pero casi nadie habla inglés, solo algunos pocos pueden comunicarse en ruso, pero poco más.

Hacia el interior se levanta la ciudad de Kutaisi, la capital de la mitológica Cólquida, una visión de la Georgia más áspera y real. Su principal atracción turística es la catedral, que está en la cima de una colina, en ruinas. Eso no evita que los fieles acudan a rezar a este templo sin techo, en misas al aire libre. Colina abajo reina el caos del tráfico y el color del mercado, con un encantador aire oriental. De las ventanas de los restaurantes llega el olor del kachapuri, una delicia de la gastronomía local: una especie de pan plano relleno de queso.

Los que deseen seguir viajando al interior del alma caucásica de Georgia deben tomar un autobús hacia Akhaltsikhe, casi en la frontera con Armenia. Es un buen ejemplo de lso residuos de la época soviética, austera y sombría.

Por último queda visitar la capital del país, Tblissi, ciudad de millón y medio de habitantes, grandes espacios verdes y casas bajas “clónicas” construidas en serie. En la ciudad vieja hay una extraña mezcla de arquitectura moderna y neoclásica. Ya se ven turistas, aunque las infraestructura no están a la altura: pocos comercios, transporte público cochambroso e insuficiente…

Todo cambia por la noche. La colina que domina la ciudad ofrece una maravillosa vista con los monumentos están iluminados, y la resplandeciente cúpula dorada de la catedral ortodoxa. pero el brillo no esconde la realidad de un país donde la distancia entre ricos y pobres es abismal.

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