El encanto de la Riviera italiana: Portofino

Los antiguos romanos bautizaron este lugar como Portus Delphini, pero hoy resulta casi  imposible ver a estos animales acuáticos brincar sobre el agua como antaño. Pero el nombre se quedó, transformándose con los siglos en Portofino, un pequeño y encantador puerto de la Liguria, a menos de una hora en coche de Génova.

A pesar de las mareantes curvas y el interminable descenso desde la autopista hasta el mar, vale la pena desviarse de las rutas más transitadas para visitar este lugar único en el que saborear toda la esencia del Mediterráneo y el ambiente distinguido de la Riviera Italiana.

La imagen clásica de Portofino es la de las barcas de pescadores balanceándose en el puerto y la de las fachadas de vivos colores de las casas, todo enmarcado por los portentosos y verdes acantilados que flanquean el puerto, en mitad de una extensa área protegida.

De repente, todo parece estar envuelto en una calma deliciosa. Este pequeño pueblo parece detenido en el tiempo, tal vez en algún momento del siglo XVI, época de la que datan sus construcciones más emblemáticas: su castillo y sus iglesias.

Desde el pueblo parte un sendero paralelo a la costa que, atravesando frondosos pinares, lleva hasta la paradisíaca cala de Paraggi, solitaria en invierno y atestada de bañistas en verano.

Lo mejor, desde el punto de vista del turista, es su coqueto y encantador paseo marítimo, lleno de elegantes y acogedores restaurantes marineros, aunque los precios no son especialmente “amables”.

Como hemos dicho más arriba, llegar a Portofino por carretera es un poco pesado, pero hay otra opción: llegar por mar desde el vecino puerto de Rapallo, algo más caro, pero que nos regala las espléndidas vistas de su puerto, con las fachadas y los barcos reflejados en el agua, cuando nos acercamos desde el mar.

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