Islas Cook, paraíso polinesio

Desde el avión el agua del océano Pacífico cambia de color una y otra vez, del verde al azul con todos los matices imaginables. Dibujos imperfectos y maravillosos, lagunas transparentes dentro de otras lagunas color turquesa del atolón: el archipiélago de las Islas Cook.

Tan lejos que casi no aparecen en los mapas, este paraíso de la Polinesia se esconde entre arrecifes de coral en mitad del mayor océano del planeta. Quince islas de ensueño que permanecen sumidas en un paz y armonía imperturbables, tal vez gracias a no ser tan famosas Hawai, Nueva Zelanda o la Isla de Pascua.

Fue James Cook, claro está, quien dio con este paraíso a medio camino entre las islas de Tonga y Samoa, al oeste, Tahití y las islas de la Polinesia Francesa al este.

Quienes aterrizan en las islas Cook son agasajados con una bienvenida llena de calor y color, con guirnaldas al cuello y la sonrisa y la calidez de sus habitantes. Se dice que el mejor momento del año para visitar las Cook es en marzo, cuando se celebra el Festival de la Constitución o Te Maeva Nui en lengua rarotongana. Este día conmemora la independencia con respecto de Nueva Zelanda, de la que todavía dependen en muchos sentidos.

La Isla de la Cruz ofrece la posibilidad de descr¡ubrir sus maravillas alquilando una moto y siguiendo la ruta escénica de Rarotonga con increíbles playas bordeadas de palmeras de coco, plantaciones de cítricos, árboles altos y helechos.

En Avarua, la capital de Cook, situada en la isla de Rarotonga, predominan las casas blancas y los verdes prados que caen en pendiente hasta el mar, un paisaje dominado por los picos volcánicos. En las plazas las mujeres maoríes venden orquídea y preparan el pollo o el pulpo marinado en leche de coco.

Las danzas folclóricas locales mezclan la danza del vientre con los tambores africanos, pero adornados con la suavidad y sensualidad de las mujeres polinesias. Los bailes se hacen en honor de Tangelo, el dios de la fertilidad y el mar. Lejos de los grandes centros turísticos y los canales de comercio, ante los ojos de los afortunados pocos turistas desconcertados, el Te Maeva Nui sigue llevando a cabo, con sus vestidos tivaevae y las mantas de colores salpicadas de perfumes raros y exóticos.

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