Ruta por la Grecia micénica

Siglos antes de que en Atenas se inventara la democracia y que el arte y la arquitectura  alcanzaran cotas de perfección y belleza nunca antes logradas, en Grecia floreció la civilización micénica, a la que se refirió Homero en sus famosos poemas la Ilíada y la Odisea. Sus restos no son tal vez tan deslumbrantes como los de la Grecia clásica, pero están rodeados de misterio y gran interés para el viajero que quiere aprender y descubrir cosas nuevas.

La civilización micénica irrumpió en Grecia a mediados del segundo milenio a.C. acabando con la refinada cultura minoica de Creta, de la que tomó tantas cosas. Como buenos guerreros, afianzaron su dominio con fortalezas situadas en puntos elevados: Micenas, Pilos, Tirinto, Gla… Todas ellas rodeadas de murallas ciclópeas como la famosa Puerta de los Leones, que sigue impresionando aun hoy.

Fue el explorador y aventurero Heinrich Schliemann quien, en su búsqueda de los restos de Troya, sacó a la luz el legado micénico. Por eso a la tumba circular cubierta con un túmulo (el clásico tholos griego) la llamó “El Tesoro de Atreo” y a una de las máscaras de oro repujado tan típicas en los ajuares funerarios de los micénicos la denominó “máscara de Agamenón“, aunque sin demasiado fundamento.

Los micénicos fueron deudores de la cultura cretense. En sus ciudadelas (que podemos visitar en la península del Peloponeso y la región del Ática) se ven aun los restos de sus palacios, herederos de los minoicos, donde se encontraron pinturas muy parecidas a las del famosa Palacio de Cnossos en la isla de Creta.

Recorrer la Grecia continental siguiendo los pasos de los guerreros homéricos, con sus colosales tumbas en las que los difuntos yacían con sus armas de bronce, sus objetos de cerámica ritual y sus pequeñas estatuillas oferentes, es todo un viaje en el tiempo, casi cuatro siglos atrás en la historia.

La gloria micénica solo duró un par de siglos. Se fue con la misma brusquedad con la que llegó, dejando tras de sí un legado lleno de misterio y un montón de enigmas. Su gloria fue seguida de años de oscuridad hasta el nacimiento de la Grecia Clásica. Viajar por Grecia recorriendo las viejas piedras micénicas es por tanto una experiencia casi mágica que lo convierte en un viaje especial e inesperado.

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