Refugios de montaña en el Valle de Aosta

Una receta infalible para escapar de la contaminación, los problemas de estacionamiento y el estrés: refugiarse en las montañas. Un recurso válido en todo el mundo, también el la bella Italia, que tiene en el Valle de Aosta su pequeña reserva alpina de nieve, prados verdes, paz y relax.

En todo el país transalpino son ya famosos los refugios de montaña del Valle de Aosta. Tal vez el más conocido sea el refugio Ferraro, situado a  2.066 metros de altura, en las laderas de Monte Rosa. Una gran casa del siglo XVI a la que se puede llegar a él caminando durante 45 minutos. Fue en su día una estación de paso de varias rutas de los Alpes. Esquí,  ciclismo de montaña, ejercicios de meditación al estilo tibetano y las delicias de la gastronomía de montaña son sus grandes argumentos.

Sopa valdostana, polenta y queso, asado de carne de venado… Todo eso se puede saborear en el retiro de Grand Tournalin, en Val d’Ayas, a 2.535 metros de altitud. Su oferta de alojamiento consiste en sencillas pero confortables habitaciones de madera. El centro programa paseos por el valle y sesiones de yoga.

El refugio de l’Ermitage solo es accesible por teleférico o por un empinado sendero. Se ubica sobre una pintoresca colina con vistas impresionantes. Agradables paseos conducen al lago alpino cerca de Lod. Los mismos problemas de accesibilidad los encontramos en el  elegante refugio Vieux Crest, un destino más idóneo para familias con niños más que para los excursionistas y montañeros. Ofrece a sus huéspedes una zona de relax con sauna y una ducha de experiencia estimulante. El antiguo granero se ha convertido en el gran comedor donde se sirven platos típicos del valle.

Suspendido a 1.779 metros de altura sobre una saliente rocosa en el Valle de Gressoney, se encuentra el Alpenzu, con vistas espectaculares del macizo del Monte Rosa. Una pequeña aldea con típicas casas de madera y piedra, celosamente conservado. perfectamente. Es el gran punto de partida para excursiones sencillas. El refugio Arp es más famoso por su cocina que por sus vistas, aunque se ubica a solo unos minutos de un bellísimo rincón alpino, el de los lagos de Evancon y sus grandes truchas.

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