Spanair: el final de la historia

Un escueto y poco tranquilizador mensaje en su Twitter: “Nos despedimos no sin antes ofrecer nuestras más sinceras disculpas a los afectados y agradecer la confianza depositada. A todos, gracias”. Así anunciaba Spanair la suspensión de todos sus vuelos ayer por la tarde, como antesala a lo que parece ser la despedida definitiva de esta aerolínea.

Miles de pasajeros se quedaban así con sus billetes comprados sin poder facturar ni embarcar y sin comprender qué había pasado. La perplejidad se extendía a los propios trabajadores de la empresa, unos 2.000 en toda España, que se quedan abandonados a su suere con un futuro bastante incierto ante ellos.

Lamentablemente, el colapso de la aerolínea española era la crónica de una muerte anunciada. Como un siniestro augurio, el presidente de Iberia, Antonio Vázquez, había dicho el lunes: “Spanair no tiene ningún futuro y eso lo sabe todo el mundo”.

Desde hacía varios años su funcionamiento estaba siendo posible gracias solo a las sucesivas inyecciones de capital público por parte de la Generalitat de Catalunya. Nada menos que 105 millones de euros. Cuando la ayuda pública cesó solo había sobre la mesa dos posibilidades para salvarla: Qatar Airways y la china HNA, la misma que había pretendido invertir 330 millones en NH Hoteles, en una operación frustrada hace poco más de un mes. Ante la negativa de ambas esta semana, el castillo de naipes se ha desmoronado.

Tras 26 años de historia, Spanair deja de volar dejando un importante hueco en el mercado y los cielos de España, siguiendo la estela de tantas otras que, con mayor o menor fortuna, participaron en la historia de la aviación comercial española y desapareciendo súbitamente: Spantax, Air Comet, Lagunair, Air Madrid…

Habrá que acostumbrarse a dejar de ver el nombre de Spanair en los buscadores de vuelos y los paneles de lso aeropuertos de España. Ahora es ya historia.

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