El Puente de Carlos en Praga

Praga es también  conocida como “la Florencia del Este”, porque es hermosa y misteriosa. Sus techos dorados, el majestuoso castillo de Bohemia, el reloj astronómico de la Plaza Vieja… Todos son iconos de la ciudad pero por encima de todos ellos está el Puente de Carlos (Karluv Most)  sobre el río Moldava.

El puente de Carlos, llamado así por el rey Carlos IV, que impulsó su construcción al poner la primera piedra en 1357, conecta la ciudad vieja con el barrio de Mala Strana. Mide más de 500 metros de largo y 10 de ancho. Antiguamente sirvió para el paso de carruajes pero hoy es completamente peatonal y está a todas horas lleno de turistas y curiosos.

Es habitual encontrar sobre él músicos y artistas callejeros así como vendedores de souvenirs, siempre que el intenso frío invernal de la capital de la República Checa lo permita.

El puente está flanqueado a derecha e izquierda por 30 estatuas (la mayoría de ellas son copias ya que las originales se encuentran conservadas en el Museo Nacional y en Vysehrad. La primera estatua que se añadió en 1683 fue la de San Juan Nepomuceno, que fue arrojado al río por orden del rey Wenceslao IV y posteriormente santificado.

Este hecho dio lugar a una curiosa leyenda. Se dice que su estatua otorga deseos a todo aquel que los pide mientras posa la mano izquierda en la estatua que representa su martirio. Si viajas a Praga no dudes en intentarlo.

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