Monte Sinaí, la montaña de Moisés

Cuando imaginamos un lugar sagrado o santo automáticamente pensamos en grandes templos o fastuosos monumentos. Pero a veces se trata de lugares simples, desolados e incluso con escaso atractivo. Eso, a primera vista, es lo que uno pensaría del Monte Sinaí, uno de los enclaves más importantes para el pueblo hebreo y para el cristianismo, una montaña rocosa y desierta en la península que está al nordeste de Egipto.

En el Monte Sinaí fue donde, según la Biblia, Moisés recibió de Dios, los Diez Mandamientos. Aunque es imposible conocer cuál es el lugar exacto, se da por bueno este emplazamiento y a él acuden muchos peregrinos todos los años.

También sería aquí donde estaría la famosa zarza ardiente que habló a Moisés, y por eso se levantó allí el Monasterio de la Transfiguración o Monasterio de Santa Catalina, situado en la boca de un cañón de difícil acceso a los pies de la montaña, de fe ortodoxa. Los monjes reciben amablemente a los osados peregrinos y curiosos que allí se acercan. Según ellos, la mayoría de ellos llegan como simples turistas y se vuelve a casa con una gran carga espiritual.

El monasterio, construido en tiempos del emperador bizantino Justiniano, tiene gran importancia debido a su antigua y valiosa biblioteca que guarda la segunda colección más extensa de códices y manuscritos del mundo, sólo superada en número de ejemplares por la Biblioteca Vaticana. En ella se pueden encontrar unos 3.500 volúmenes escritos en griego, copto, árabe, armenio, hebreo, georgiano, siríaco y otras lenguas.

Una curiosidad del monasterio es que, hasta hace solo unos años, estaba cerrado completamente por altos muros y solo se podía entrar o salir de él con un complicado sistema de poleas que manejaban los monjes, siempre celosos de mantener su retiro y su tranquilidad, en especial en un país de mayoría musulmana donde el fundamentalismo está en auge.

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