Fin de semana en Varsovia

Vale la pena desafiar el frío y atreverse a descubrir Varsovia, una ciudad fuerte y hermosa. Severamente dañada durante la Segunda Guerra Mundial y teñida de un triste color gris durante la época soviética, ha sido capaz de prosperar con la restauración de sus barrios y la reconstrucción de sus espléndidos palacios.

Lo que podemos admirar hoy en la capital de Polonia es una agradable mezcla de estilos gótico, renacentista y arquitectura socialista, mucha vida en las calles y cierto aire de “segunda juventud”.

El mejor ejemplo de este renacimiento lo tenemos en el casco antiguo, arrasado por los bombardeos de la guerra que, ya en los años 50 fue sometido a una importante labor de reconstrucción. No solo los edificios civiles, también las iglesias (llamativo matiz cuando nos referimos a un régimen soviético). La idea no era tanto recuperar la vieja gloria de la ciudad como  resucitarla de sus cenizas y volver a ponerla en marcha por cuestiones estrictamente prácticas.

Nuestra visita debe comenzar en la Plaza del Mercado Central, ahora poblada de galerías de arte, el centro neurálgico del casco antiguo donde se ubican las iglesias de la Natividad de la Virgen María (del siglo XV)  y la del Santísimo Sacramento, de época barroca. Cabe recordar que estamos en uno de los países más católicos del continente europeo.

Al llegar a la Plaza del Castillo cerca, se puede ver la fortaleza de Zamek en cuyo centro se encuentra la Columna de Segismundo II, levantada en 1600 por los escultores italianos Tencalla y Molli. Cerca de allí, en el palacio barroco Palac Krasinskich, se halla la Biblioteca Nacional, otro magnífico edificio que no nos podemos perder.

Una visita imperscindible en la que experimentaremos emociones intensas es la de las ruinas del gueto judío en el barrio de Muranow, donde el monumento a los héroes del gueto (Pommik Bohaterow Polaina), conmemora la rebelión de los judíos de Varsovia en el año 1943, durante la ocupación nazi.

Muchos edificios, no precisamente bonitos, recuerdan los años en que Polonia pertenecía a la antigua Unión Soviética. Entre ellos destaca, por sus dimensiones, el Palacio de Cultura y Ciencia, construido siguiendo los principios de socialismo real aplicados a la arquitectura.

Esta es la mezcla que hallaremos en Varsovia, la historia viva de la ciudad envuelta en un manto consumista de comercios, calles peatonales, cafeterías y espacios urbanos. Ideal para un fin de semana.

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