Puerta de Brandenburgo, el símbolo de Berlín

Si París presume de la Torre Eiffel y Roma exhibe con orgullo el Coliseo, la capital de Alemania cuenta con un gran monumento que no solo es gran icono de a ciudad sino también de todo el país. Es la majestuosa Puerta de Brandenburgo (Brandenburger Tor), la imagen más conocida de Berlin.

Se trata de un símbolo de la Alemania imperial, un monumento erigido entre 1788 y 1791 por el arquitecto Carl Gotthard Langhans, siguiendo las instrucciones y deseos del kaiser  Federico Guillermo II.

El rey prusiano quería reproducir en la capital de su reino un grandioso monumento inspirado en la grandeza de los propileos de la Acrópolis de Atenas. La puerta mide 26 metros de alto y 65 de ancho. Se levantó en el lugar donde se ubicaba una de las principales puertas de la ciudad, para asombrar y deslumbrar a sus visitantes.

La famosa cuádriga que corona la Puerta de Brandenburgo fue un añadido del mismísimo Napoleón. El pequeño general corso, ya entonces emperador de Francia, celebró de este modo la victoria de sus ejércitos sobre los prusianos en la batalla de Jena, en 1806. Curiosamente no fue retirada depués de la derrota final francesa en 1814. Afortunadamente la cuestión estética prevaleció sobre el patriotismo. Eso sí, se le añadió una muy germánica cruz de hierro.

La famosa cuádriga es obra de Johann Gottfried Schadow y representa a la Diosa Victoria montada en un carro tirado por cuatro caballos en dirección a la ciudad.

Los momentos más oscuros de la Puerta de Brandenburgo se producen a lo largo del siglo XX. Primero cuando quedó parcialmente destruida por los bombardeos sobre la ciudad durante la II Guerra Mundial y, tras la división del país, abandonada en tierra de nadie como un triste símbolo del lejano pasado glorioso de la nación.

Tras la caída del Muro y la reunificación del país, la Puerta de Brandeburgo volvió a la vida. En 1990 una impresionante multitud de berlineses se dio cita bajo sus viejas piedras para festejar el inicio de una nueva era para Alemania.

Hoy, completamente reformada y embellecida, refulge como el gran símbolo de la libertad y la felicidad de la Alemania moderna, libre de las pesadas cargas de su historia.

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