El encanto del invierno en Mallorca

Resulta inevitable pensar en el sol, las playas y la diversión cuando hablamos de Mallorca como destino de viaje. Sin embargo, quien conoce bien la isla sabe que sus atractivos van mucho más allá e incluso hay quien considera que no existe mejor época del año para viajar a Mallorca que en invierno.

Es cierto, en Mallorca también hace frío, pero el invierno propiamente dicho se limita a los meses de enero y febrero. Se trata en todo caso de un invierno corto y suave, ideal para adenatrarse en los caminos rurales del interior, descubrir sus pueblos, los rincones naturales del Pla,  la montaña y la costa.

Ya en el siglo XIX la escritora francesa George Sand que pasó una temporada en la isla junto a su amante, el compositor polaco Frederic Chopin, se dejó seducir por el invierno mallorquín y sus delicias. En Valldemossa, en pleno corazón de la Serra de Tramuntana, escribió su famoso relato “Un invierno en Mallorca” (Un hiver à Majorque), donde se hace eco de las virtudes y los encantos de la Mallorca tradicional, discreta y sencilla.

También ahora muchos viajeros eligen viajar a Mallorca en invierno para saborear la verdadera esencia de la isla. También para disfrutar de su luz especial, tan valorada y buscada por los pintores y los fotógrafos, una luz tenue y suave que confiere a Mallorca su verdadero sabor invernal.

El invierno mallorquín se corona cada año con la nieve en las cumbres de la Serra de Tramuntana, la señal de que hay que trasladar la mirada desde el litoral al interior. No solo Palma, también los pueblos recuperan el protagonismo que las playas y el mar les roban en verano. Llegan los otros turistas: los senderistas, los ciclistas, los amantes del golf, los que buscan el relax y la paz… Los mercados semanales parecen más auténticos y tradicionales y en todos ellos se encuentran las delicias gastronómicas propias de esta época del año: la miel, las sobrasadas recién hechas, las cocas de patata…

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