Riga, la reina del Báltico

Paseando por Riga, la ciudad más poblada de las tres repúblicas bálticas, uno tiene la sensación de estar dando saltos en el tiempo hacia la Edad Media y a inicios del siglo XX, la época del Art Nouveau .

Todo sin salir de las calles y plazas del casco antiguo, el corazón turístico de Riga, la capital de Letonia y uno de los grandes símbolos de la libertad. Aunque casi todos los lugares interesantes se encuentran a poca distancia, debido a su naturaleza, Riga no es una ciudad fácil de recorrer. La arteria principal es la iela Brivibas (Avenida de la Libertad), que desemboca directamente en el barrio viejo (Vecriga), tan fascinante como el de la vecina Tallin.

No faltan las iglesias, la más importante la de San Pedro, desde cuya torre del campanario se puede obtener una vista de 360 grados de la ciudad. Livi es hoy la plaza más animada, donde se encuentran músicos callejeros, cafeterías y restaurantes. También hay bellos y originales edificios: la Casa de los Gatos (Kaku Maja), el Museo de la Farmacia y los Palacios Gremiales.

Más adelante se llega al Ratslaukums, la Plaza del Ayuntamiento. Merece l apena visitar aquí el Museo de Empleo, que repasa la historia de Letonia desde 1940 hasta 1991, toda la gris y opresiva etapa soviética.

Pero en la parte vieja de Riga todos los caminos conducen a la Catedral y al Castillo, la sede de la Presidencia de la República de Letonia, con vistas al río Daugava cuyo meandro abraza la ciudad, y a lo lejos, el Mar Báltico.

Después del paseo, hay que pararse en alguna de las tabernas tradicionales y degustar un trago de la bebida nacional, un licor llamado bálsamo negro que, según la leyenda, salvó la vida de la zarina Catalina La Grande la cual, durante su estancia en Riga, fue golpeada por una misteriosa enfermedad. Aunque solo sea como curiosidad, hay que probarlo.

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