Palermo, la gran capital de Sicilia

Palermo carga sobre sus espaldas una larga y agitada historia: invasiones, terremotos, conquistas, momentos de gloria y de miseria. Por desgracia, hoy en día muchos relacionan su nombre con el de los crímenes de la mafia, un error frecuente que resulta injusto a la hora de echar una mirada sobre un lugar tan fascinante, rico y variado.

Para visitar una ciudad tan grande (la quinta más populosa del país) y con tanto para ver, conviene trazar un mínimo plan antes de lanzarse a la calle, aunque por otro lado callejear por sus barrios y las callejuelas de la parte vieja también ofrecen una gran recompensa al viajero. Al fin y al cabo, estamos en Italia, donde el arte y la belleza aparecen en cada esquina.

Como resultado de tantas conquistas, dominadores y culturas diferentes, en Palermo coexisten por ejemplo la Mezquita arabo-normanda de San Giovanni degli Eremiti con la genial catedral (Duomo di Palermo) o la plaza de Quattro Canti donde convergen las dos vias principales de la ciudad Vittorio Emmanuele y Via Maqueda.

En la parte que mira al mar se encuentran las Catacumbas de los Capuchinos, famosas por sus cuerpos embalsamados, las célebres momias “disecadas” que tantos visitantes atraen. Cerca de aquí se levanta la Zisa, el ecléctico palacio normando de arquitectura árabe recientemente restaurado que era residencia de los reyes normandos que gobernaban Sicilia.

La Porta Nuova, al lado del Palacio de los Normandos, sirve de entrada a la principal avenida palermitana, la Via Vittorio Emanuele. Hacia la mitad del paseo se levanta la villa Bonnano a la derecha desde donde se puede emprender ya la ruta hacia la plaza de la Catedral: un edificio que tiene un largo curriculum como basílica paleocristiana, mezquita árabe, y templo cristiano para los normandos.

Retomando la Avenida de Vittorio Emanuelle, llena de vida, comercios, cafeterías y terrazas, llegamos por fin a Quattro Canti, un armonioso espacio donde cuatro fachadas cóncavas de edificios del XVIII articulan en tres ordenes estatuas de los cuatro estaciones, los reyes españoles, y las cuatro santas palermitanas de cada distrito.

En el otro lado de Vittorio Emanuelle se esconde entre callejuelas el fabuloso mercado de la Vucchiria, abierto hasta bien entrada la noche, momento en el que los puestos de fruta, pescado, quesos y especias, todos cubiertos con sus característicos toldos rojos, son iluminados por grandes focos que le dan un aspecto muy peculiar.

La visita puede concluir con una parada relajante en la playa de Mondello, que en verano se llena de bañistas y donde se concentra buena parte de la oferta de ocio nocturno de la ciudad.

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