Urbino, una Florencia en miniatura

Mucha gente dentro de Italia considera la pequeña ciudad de Urbino como una especie de Florencia en miniatura, repleta de tesoros del Renacimiento e inexplicablemente alejada de las rutas turísticas tradicionales por Italia.

Situada sobre la frontera de la Toscana y Emilia-Romagna, Urbino presume de mantener intacto su patrimonio artístico e histórico, manteniéndose al margen de la invasión de las hordas de turistas y la proliferación de las tiendas de souvenirs. Una perla renacentista incluida en el Patrimonio Mundial de la UNESCO en el 1998.

Y a pesar de ello, la ciudad está llena de vida: los niños juegan en la calle, los viejos toman el sol en la plaza de la catedral y los jóvenes llenan las terrazas de las cafeterías. Para observarlo todo con la mejor perspectiva hay que subir a la fortaleza Albornoz, que domina el pueblo y la región de suaves colina que lo rodea.

El duque Federico III de Montefeltro (1422-1482) es la estrella del lugar, a pesar de llevar muerto más de 500 años. Fue el gran mecenas e la ciudad, responsable de todos los monumentos, edificios y obras de arte que se conservan aquí. En su corte vivían los arquitectos Francesco Laurana y Francesco di Giorgio Martino, quien construyó su palacio, el matemático Luca Pacioli y los pintores Paolo Uccello y Piero della Francesca. Su biblioteca fue reconocida ya en su época por su riqueza y variedad.

Hoy en día, los visitantes pueden admirar las colecciones de Palacio Ducal que contienen grandes joyas del Renacimiento, aunque la mayor parte de la gente lo ignora y se conforma con visitar los museos y palacios florentinos.

Pero también hay lugar para el ocio en Urbino.  La presencia de la vieja universidad garantiza un gran ambiente esudiantil en las calles, los bares y los locales de música los fines de semana. Esto, unido a todo lo mencionado antes, hace de esta pequeña y acogedora ciudad italiana un destino perfecto para un fin de semana de ocio y cultura.

Viajando por Europa las palabras clave son , , , , , .