Rumanía: el Castillo del Conde Drácula

Con Halloween a la vuelta de la esquina, no podemos dejar de escribir sobre algún destino con un toque “terrorífico”. Y el más famoso de ellos es Transilvania, la región de Rumanía donde se levanta ni más ni menos que el Castillo de Bran o de Vlad, más conocido por su nombre turístico de Castillo del Conde Drácula.

Este legendario castillo se encuentra cerca de la localidad de Bra?ov, en la frontera entre Transilvania y Valaquia y adquirió su fama universal a raíz de la novela Drácula, de Bram Stoker, que tomó como base histórica la biografía del sanguinario príncipe Vlad, famoso por su cruel costumbre de empalar a sus enemigos.

Hoy, con aquellos oscuros y bárbaros tiempos ya olvidados, miles de turistas visitan cada semana el famoso castillo. Su disposición espacial se ordena alrededor de un patio central, desde donde se accede a diferentes estancias, como la Sala de la Cancillería, con muebles europeos renacentistas importados por la reina María, la Sala de la Guarnición con una pequeña capilla, el dormitorio real, con iconografía religiosa o la Sala de Música con instrumentos musicales antiguos. Además, en el castillo de Drácula se destacan las escaleras caracol, los pasadizos secretos y una estética sencilla, casi espartana, sombría e inquietante.


Este castillo perteneció la Princesa Ileana de Rumanía hasta la implantacioón del régimen comunista en 1948, cuando fue nacionalizado y convertido en propiedad del Gobierno rumano. Después de varias décadas en estado de semiabandono fue restaurado en los años 80. Después, el Castillo de Bran empezó a explotarse turísticamente, siendo una importante fuente de ingresos para el estado moderno de Rumanía.

La mayoría de los especialistas sostienen que el famoso Vlad “el empalador” nunca vivió en esa fortaleza, pero la leyenda y las oportunidades de hacer negocios pueden más que la historia científica y toda la fama del lugar se debe a su condición de Castillo de Drácula.

Como última curiosidad, hay que señalar que en 2009 el castillo les fue devuelto a sus propietarios legales, pasando a manos del Archiduque Dominic de Habsburgo, hijo de la princesa Ileana de Rumania. Este cambio de titularidad no ha representado apenas ningún cambio en el sistema de explotación de la propiedad porque, fuera Vlad un vampiro o no, el castillo y su leyenda son realmente un negocio muy rentable.

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