Sarajevo, la ciudad renacida

Para muchos de nosotros el nombre de Sarajevo evoca los peores recuerdos de la guerra que asoló los Balcanes en la década de los 90.  Afortunadamente las cosas son distintas ahora y la capital de Bosnia-Herzegovina ha renacido y mira al futuro. Todavía es difícil conseguir vuelos directos a la ciudad (suele ser obligada la escala en algún aeropuerto alemán) pero el turismo empieza a fluir lentamente hacia ella.

Sarajevo soportó un duro asedio que duró cuatro años, de 1992 a 1996, que redujo barrios enteros a escombros, causó 12.000 muertes y un éxodo masivo de la población a las áreas rurales. Y sin embargo, su belleza sigue intacta, como un milagro. Sarajevo posee una magia que envuelve al visitante con asombro y tristeza. El pequeño río Miljacka divide la ciudad en dos partes y parece susurrar las voces de todos aquellos que murieron durante el asedio.

Sarajevo aspira a explotar los ingresos del turismo como hoy hacen otras ciudades de la ex-Yugoslavia como Dubrovnik, Lubljana, Split o incluso empieza a hacer ya Belgrado. Sin embargo, aun persisten los negros recuerdos en las fachadas de edificios acribillados a balazos y las ruinas de edificios que hay que reconstruir.

Pero el espíritu de la ciudad es joven. Las terrazas están llenas, la gente joven ha tomado las calles y el ambiente es alegre. Todo el mundo quiere olvidar los días oscuros que lso mñas jóvenes, directamente, no han llegado a vivir.

El fantasa de la guerra eclipsa la larguísima y rica historia de la ciudad, que brilló tanto durante el dominio otomano como con el Imperio Austro-Húngaro, un lugar de proverbial tolerancia donde convivieron durante siglos hasta cuatro religiones diferentes, en épocas en las que aun no existía la noción actual de la “multiculturalidad”.

El museo de la guerra recoge los testimonios de miles de personas que durante cuatro años vivieron sin electricidad ni agua caliente. Es una visita dura, pero interesante. Esencial para comprender la ciudad y el carácter de sus habitantes.  A pesar de todo, no debemos pensar en Sarajevo como una ciudad triste. El melancólico cementerio de los mártires de Kovaci  es espectacular y lúgubre, pero al mismo tiempo las calles del centro son una mezcla de color, cultura y energía que reclama a gritos la atención del viajero y mostrarle la mejor cara de una ciudad que ha vuelto a nacer.

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