Santiago de Cuba, el sabor del oriente cubano

Mucha gente en sus viajes a Cuba se limitan a visitar La Habana maravillosa ciudad , bendecida con un encanto especial y único, completando su estancia con alguna que otra excursión puntual o una estancia en algún resort de Varadero, disfrutando de sus paradisíacas playas. Para su desgracia, son menos los que se pierden uno de los lugares más interesantes y magnéticos de la isla: la ciudad de Santiago de Cuba, capital de la provincia homónima y del Oriente cubano.

En Santiago son míticas la hospitalidad de su gente y la riqueza de su patrimonio cultural. El casco histórico de Santiago fue declarado Monumento Nacional en 1978 y sus límites actuales se corresponden con los que mantenía la ciudad a finales del siglo XIX. Si el legado arquitectónico colonial de La Habana nos ha parecido notable, el de Santiago directamente  nos deslumbrará.

En el casco viejo se ubican los grandes museos de la ciudad como la Fábrica de Ron y la casa del Habano. Ya en los alrededores podremos visitar el paisaje montañés del Turquino, donde se localizan los picos más altos de Cuba, incluida La Gran Piedra: una enorme roca situada a más de 1.100 metros sobre el nivel del mar y con un mirador desde donde disfrutar el fabuloso paisaje de la Sierra Maestra, el poblado de El Cobre, cerca de la primera mina de cobre a cielo abierto del continente americano, y el Parque natural de Baconao.

Ya en la costa merece la pena visitar la localidad de Siboney, un lugar muy popular entre los cubanos ya que forma parte de la historia reciente del país, la “historia revolucionaria”. Las colinas que rodean el pueblo fueron el refugio de las fuerzas rebeldes que luchaban contra Batista. Su playa, como las otras que encontramos en esta parte de la isla,  es de arena negra, a excepción de las de la zona de Caletón Blanco que, tal y como su nombre indica, ofrecen al visitante pequeñas ensenadas de arena blanca y fina.

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