Trilogía cultural de Moscú

Del mismo modo que Sao Paulo se ve ensombrecido por el aura de Río de Janeiro, Moscú queda eclipsado ante el brillo de San Petersburgo. De hecho, los grises bulevares de la capital rusa no pueden competir en elegancia con las avenidas y los nobles canales de la antigua capital de los zares.

Repetidamente devastada por el fuego y afeada sin compasión por los arquitectos de la era soviética, la megalópolis de Moscú (más de 10 millones de personas) es caótica, ruidosa y vive sometida bajo la tiranía de un clima riguroso y despiadado: heladas en invierno y calor sofocante en verano. ¡Bonito panorama el que dibujamos para quien esté preparando una visita a la capital rusa! Siendo todo lo anterior cierto, no visitar Moscú sería un grave error.

Para descubrir Moscú, sólo hay una receta y tres ubicaciones: el Kremlin, el Bolshoi, la Galería Tretiakov. Tres pasos que permiten a los visitantes a tocar el espíritu de la ciudad y en general de toda Rusia.

La trilogía se inicia en la Plaza Roja, una amplia explanada en el centro de la ciudad medieval a orillas del río Moskova. Allí se levantan las murallas del Kremlin, enormes y solemnes, que guardan lo que un día fue el corazón de la Rusia zarista y más tarde de los bolcheviques.

Detrás de los altos muros (el perímetro es de 2,2 kilometros), está la fortaleza del Kremlin propiamente dicha con sus diecinueve torres, iglesias y palacios. Hoy en día es la residencia oficial del presidente, Dmitri Medvedev, como antes fue la de los zares, e incluso la del mismísimo Napoleón. Es la primera muestra de la belleza de Moscú, que salta a nuestros ojos desde sus cúpulas doradas.

Cerca de allí, la segunda parada de este paseo moscovita: el teatro Bolshoi. Para evaluar su importancia histórica, basta con saber que su efigie adorna los billetes de 100 rublos. Es probablemente el teatro más famoso del mundo que ha estado cerrado durante los últimos 6 años por reformas y ahora, en octubre de 2011, vuelve a abrir sus puertas. Un evento histórico.

Para completar nuestro descubrimiento de la belleza interior de Moscú nos dirigimos a la Galería Tretiakov que conserva una de las mayores colecciones de arte del mundo y que es un homenaje permanente al arte ruso de todas las épocas, desde los fabulosos iconos del siglo XV firmados por Andrei Rublev hasta los trabajos de la vanguardia rusa del siglo XX, sin olvidar los sobrecogedores retratos de Iván el Terrible y su aterradora mirada. El alma rusa también se puede leer en sus ojos febriles

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