Rivales escocesas: Edimburgo y Glasgow

Solo 60 km. separan las dos principales ciudades de Escocia: Glasgow y Edimburgo, pero pasar de una a otra es viajar a mundos muy distintos. La arquitectura, el ambiente, el sentido del humor, la filosofía de la vida, incluso los acentos son diferentes.

Edimburgo, en la costa este de Escocia, en busca del Mar del Norte y Europa, Glasgow, en el oeste mirando hacia el Atlántico, Irlanda y Estados Unidos. Edimburgo es intelectual y aristocrática, Glasgow es burguesa y obrera. Glasgow es la ciudad industrial del país, su capital, Edimburgo, el centro financiero. Edimburgo es elegante, una ciudad museo, un magnífico destino turístico, Glasgow posee una belleza menos evidente, pero sus calles rebosan más vida.

Glasgow ama el ruido, el fútbol y el rock. La ciudad arde los días que se enfrentan los grandes equipos de fútbol de la ciudad: Rangers y Celtic. En Edimburgo se aprecia más el rugby. En Glasgow, Rankin, dijo, la gente es abierta, locuaz y divertida, muy dada a las discusiones en voz alta . Es el alma celta. El carácter de los habitantes de Edimburgo es más reservado y templado, más británico.

Sin embargo, las dos ciudades escocesas tienen un común esencial: son ciudades modernas a la que vale la pena visitar. Dos destinos complementarios en nuestro viaje a Escocia. Edimburgo es ideal para una escapada romántica, embellecida por villa medieval con su castillo, encaramado en su pico volcánico. Mantiene unas pocas iglesias góticas como la catedral o iglesia de la Trinidad, con sus piedras cubiertas de musgo. En cambio, Glasgow es perfecta para un fin de semana activo y divertido, con su inigualable ambiente nocturno y la música en todas partes.

La rivalidad entre las dos ciudades es reciente. En la Edad Media, mientras Edimburgo era una ciudad poderosa Glasgow era apenas una aldea. Más tarde Glasgow desarrolló a través de su puerto el comercio con América y la construcción naval. Cuando Escocia perdió su independencia (en 1707), Edimburgo perdió su influencia y ambas urbes quedaron igualadas.

Hoy en día, ambas ciudades han encontrado una nueva vida. Glasgow se recicla en nuevas industrias de alta tecnología. Para dar sentido a la del río Clyde y sus muelles abandonados, Glasgow ha recurrido a arquitectos prestigiosos como Norman Foster y Zaha Hadid. Los antiguos astilleros son hoy nuevos museos.

Edimburgo, capital finaniera, también se rediseña.  Norman Foster recibió el encargo de reinventar el arrio de Mile y el gobierno escocés dio carta blanca a Enric Miralles para el diseño del nuevo Parlamento fue inaugurado en 2004. El arquitecto catalán no defraudó, poniendo en el corazón del casco antiguo un laberinto de última generación justo frente al palacio donde se hospeda la Reina Isabel cuando visita la ciudad.

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