El Luberon, paseos de color lavanda

A media hora de Aviñón, cuarenta minutos de Aix-en-Provence, situada entre las montañas de Vaucluse, Cavaillon y Manosque, el Luberon es tal vez  la única zona de la Provenza fue realmente impecable. Y no es porque el turismo de masas no haya llegado aquí, por cierto, pero se trata de un turismo discreto, lsosegado, muy diferente al que llena las playas y los bares de la cercana Costa Azul. Los que vienen aquí lo hacen en busca de  caminos y prados de lavanda y de los paisajes que inspiraron las obras de Cézanne.

Los ocres tierra del Rosellón, los campos amarillos, verdes viñedos y, sobre todo, la presencia casi infinita del violeta de la lavanda, las tierras de Luberon se ofrecen a los ojos del viajero como una paleta de colores.

Desde finales de junio hasta el final del verano los campos adquieren un color morado oscuro y la lavanda se convierte en la protagonista absoluta del paisaje, casi de cuento de hadas.

En las apacibles aldeas del Luberon se respira el aire de otras épocas. La vida pasa lenta y los comercios ofrecen todo tipo de hierbas aromáticas y tarros de la excelente miel de la región. Uno tras otro estos encantadores pueblos (Lacoste, Lourmarin, Bonnieux, Gordes…) atraen a los viajeros con su magnetismo: el sonido de nuestros pasos sobre las calles adoquinadas, los olores a vida de los mercados de productos de la tierra, las viejas librerías y tiendas de antigüedades, los tradicionales restaurantes que sirven deliciosos platos con sabores intensos, siempre aderezados con las hierbas del país, las plazas con los veteranos del lugar jugando a petanca y tomando pastis… Todo es como un cuadro idílico pero a al vez real.

Se puede definir un viaje a la región provenzal del Luberon como una explosión de colores, olores y sabores. Un rincón de la vieja Francia donde perviven tradiciones antiguas y en la que encontraremos la paz y la belleza, a veces olvidadas, de una vacaciones en el campo. Toda la zona se halla salpicada de pequeñas casas de campo y hoteles rurales  algunos más rústicos, otros más refinados, entre viñedos y campos de lavanda. Lugares donde la vida aun se saborea a ritmo lento.

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