Nápoles, en busca de los orígenes de la pizza

Caprichosa, cuatro estaciones, con o sin anchoas, tropical, margarita… La pizza ha triunfado de tal modo que en cualquier rincón del mundo podemos degustarla, tanto en Nueva York como el Beijing, en Sydney o en Moscú. Sin embargo, la pizza original, la auténtica, solo la podremos comer en Nápoles, la cuna de este delicioso plato.

La pizza es el pariente italiano de otros panes del Mediterráneo que se adornan con todo tipo de ingredientes, pero la llegada del tomate a Europa en el siglo XVI, procedente de América, supuso una revolución.

En la elegante Nápoles del periodo barroco, capital de un poderoso reino y centro de las artes y la cultura, se empezó a elaborar esta “tarta” de tomate y queso llamada a conquistar el paladar del mundo entero. Ya en el año 1889, durante unas vacaciones en Capodimonte, la reina Margarita de Saboya mandó elaborar una pizza al maestro cocinero Esposito que conmemorara el aniversario de la unificación de Italia: así nació una pizza en honor de la bandera italiana: blanco, rojo y verde. Mozzarella, tomate y albahaca. Había nacido la Pizza Margarita.

Para los napolitanos esa es la única manera correcta de cocinar una pizza, el resto invenciones que se alejan de la receta original. Por este motivo, por su sencillez, las viejas pisserías tradicionales de Nápoles ignoran deliberadamente los ingredientes añadidos y sirven sus pizzas cocinadas en hornos de leña a precios realmente baratos, en torno a los 2 €. Aun así, es una ganancia segura ya que el coste de elaboración apenas supera los 40 céntimos y los locales están siempre a rebosar tanto de turistas como de locales.

Toda la parte vieja de Nápoles está llena de vetustas pizzerías a los que los clientes llegan guiados por su olfato. No se trata siempre de locales elegantes, son más bien ruidosos y agitados, como los propios napolitantos. Da Michele, Port´Alba Antica, Ciro a Medina… Son nombres famosos en al ciudad para los enamorados de la pizza, cdonde el servicio es impecable y los ingredientes de calidad. Un plato obligado y una experiencia única si viajas a Nápoles.

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