La ruta de los Monasterios del norte de Rumanía

Viajando por las autopistas de Rumanía no es nada extraño ver cada pocos kilómetros un carro tirado por caballos avanzando por el carril lento. Es una extraña postal del país y una metáfora de que la modernidad no ha llegado a todos los habitantes de este estado de la Europa Oriental.

Herméticamente cerrado durante la época comunista, hasta hace poco viajar a Rumanía estaba reservado solo a los aventureros ocasionales. Tal vez ahora haya más autopistas y menos carros, pero sigue siendo uno de esos destinos donde es más recomendable viajar bajo el paraguas de una agencia o un touroperador.

Y lo cierto es que se trata de un país lleno de bellezas naturales y joyas históricas, especialmente las regiones del norte, en la frontera de Ucrania, Maramures y Bucovina del sur: un escenario ideal para un cuento de hadas, compuesto por valles, ríos y bosques de abetos, (ignoremos los proyectos de industrialización forzada de la era Ceausescu). También las iglesias de madera y los famosos monasterios, declarados Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO (Sucevita, Voronet, Moldovita…) bastiones de la ortodoxia que los artistas pintaron tanto por fuera como por dentro.

Curiosamente lo más llamativo de la ciudad de Sapanta, a pocos kilómetros de Sighetu, es el cementerio. Aquí cientos de placas de madera intentan recordar al difunto describiendo un poco el modo de vida que llevaba, o bien relatando de manera algo chismosa las circunstancias de su muerte: “atropellado por un coche, apuñalado por una mujer despechada…”. Debe ser parte del carácter y el humor de los rumanos.

En las aldeas los animales de granja corren libres por la calle, olisqueando los vehículos de gama alta aparcados junto a las casas, los de los emigrantes que han regresado a casa tras triunfar en el extranjero. También se encuentran pequeños hoteles familiares y algunos bed and breakfast que acogen a los aventureros que se internan en la ruta de los monasterios. Sucevita y sus impresionantes frescos que relatan las batallas de Stefan cel Mare (Esteban el Grande) contra los turcos; Voronet, “la Capilla Sixtina de Oriente”; Moldovita, decorada con el fresco del asedio a Constantinopla y cuidada con mimo por las monjas que viven allí aisladas del mundo y que observan a los turistas con indisimulada curiosidad.

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