Santuario de Arantzazu, la luz mística de Guipúzcoa

Uno de los epicentros religiosos del País Vasco es el Santuario de Arantzazu, en Guipúzcoa, donde todo está pensado para garantizar el sosiego, el recogimiento y la meditación. El silencio aquí solo se rompe por el tañido de campanas y las montañas actúan como barrera que aísla y protege a este lugar del ruido y los peligros del exterior. A todo ello hay que sumar la majestuosidad de un conjunto artístico sorprendente que utiliza la masa de piedra y se funde con ella consiguiendo formar un todo sólido y deslumbrante.

Más de cinco siglos llevan instalados los monjes franciscanos en este hermoso punto del parque natural de Aizkorri-Aratz. Aquí, según reza la tradición, la Virgen se apareció a un pastor y le pidió que construyera una ermita.

Además de su importancia en el plano de la fe, el Santuario goza de gran prestigio debido a la cantidad y calidad de las obras que lo adornan. El escultor guipuzcoano Jorge de Oteiza creó el conjunto de catorce apóstoles que dominan sus muros (él lo llamo “el ballet del friso”, que se extiende a lo largo de doce metros en un entrelazado que le confiere una extraña sensación de movimiento.

Por su parte, Eduardo Chillida recogió todo tipo de desechos industriales del muelle de Zumaia para construir las puertas del santuario, de acuerdo con los preceptos básicos de la orden franciscana: pobreza y austeridad. Y por último Francisco Javier Saénz de Oiza creó el vanguardista proyecto de la basílica que fue inaugurada en el año 1955, rompiendo con los cánones habituales y obteniendo sonados elogios y encendidas críticas a partes iguales.

Hoy los macizos muros de Arantzazu acogen a los peregrinos que acaban orando en un lugar dotado de una indefinible pero magnética atmósfera mística, bajo la tenue luz que se cuela a través de las vidrieras..

El resultado global es regio y su valor artístico resulta incalculable. El objetivo de lograr prolongar la sensación de aislamiento e interiorización del entorno externo se traslada magistralmente al interior. Además de peregrinos y devotos, muchos otros viajeros acuden a este lugar en busca de una visita sorprendente o un momento de espiritualidad. Todos ellos regresan a casa impresionados por esta mezcla de arquitectura natural y artificial.

Cómo llegar: desde Bilbao lo más sencillo es la autopista y seguir dirección Azpeitia. Si salimos de Vitoria y Logroño, carretera hacia Mondragón. Luego GI-2630 a Oñati.

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