Entre las mil islas griegas (5): Rodas

Continúa nuestro periplo por las islas griegas. Nuestro barco llega hoy a Rodas, una isla espectacular más cerca de la costa turca del Egeo que de la Grecia continental, fruto según la mitología del amor entre Helios (Sol) y la ninfa Rhode (la rosa). Fue también uno de los puertos más famosos de la antigüedad, conocido sobre todo por el Coloso, la enorme estatua bajo la cual llegaban los barcos a su puerto y que fue considerada como una de las siete maravillas del Mundo Antiguo.

Al atracar en el viejo puerto ya podemos percibir el sabor de un lugar con una historia milenaria. Vale la pena visitar la ciudad medieval, sus colosales murallas y sus minaretes, testigos del pasado musulmán de la isla. Siete puertas de la antigua muralla atestiguan también el paso de la Orden de los Caballeros de San Juan, pero sobre todo el Palacio del Gran Maestre y el Hospital de los Caballeros, hoy sede del Museo Arqueológico. El paseo urbano sigue deparándonos fascinantes sorpresas, como el Museo Bizantino y el antiguo barrio judío. En el puerto de Mandraki rastreamos las huellas de la antigua Grecia: el templo de Apolo, el restaurado Teatro Antiguo y el Odeón.

Fuera de la ciudad, aunque sin alejarnos demasiado, encontramos la bella localidad de Lindos y sus casas blancas a modo de fortaleza, dominando una hermosa bahía. A su Acrópolis, fortificada por los Caballeros, solo se llega a pie o a lomos de un burro, el modo preferido por los turistas, aunque la mayor parte de ellos prefieren quedarse en la playa y bañarse.

Aunque para nadar, bucear o simplemente disfrutar de la playa hay que bordear el litoral que va desde Pefki y la bella bahía de Stafyliá hasta el cabo Prasonisio. En él encontramos una sucesión de bellas playas de arena casi desiertas como las de Glystra, Kiotari o Lahania. Frenta a ellas, la pequeña isla de Calcio y sus encantadoras playas a las que sólo se puede acceder en los barcos que salen cada mañana desde el puerto de Emborio.

Antes de dejar la ila hay que tomar la carretera hasta el extremo sur y visitar el pueblo de Monolitos, sobre una colina aislada coronada por un castillo de la época las Cruzadas. Desde arriba, las vistas son impresionantes.

Par allegar a Rodas hay muchas opciones. La primera es el vuelo directo en temporada alta desde los principales aeropuertos europeos; la segunda, desde Atenas, Creta o Salónica tanto en avión como en ferry; la tercera, en uno de los cruceros del Egeo que siempre guarda un dí apara una fabulosa  escala en Rodas.

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