La Tomatina de Buñol

Cada verano a finales de agosto la localidad valenciana de Buñol se tiñe de rojo. Literalmente. Es el gran momento del año en el que tiene lugar una original y divertida fiesta: La Tomatina, en la que se libra una verdadera batalla en la cual la única munición son los tomates. Este año será el 31 de agosto a las 11 horas.

Miles de visitantes llegados de todas partes de España y del extranjero se dan cita en Buñol dispuestos a descargar grandes dosis de adrenalina durante la locura de la Tomatina. El ayuntamiento pone la materia prima: toneladas de tomates extremeños cultivados expresamente para esta señalada fecha. No son tomates aptos para el consumo, pero ideales para esta ocasión.ç

La locura dura exactamente una hora durante la cual los tomates vuelan en todas direcciones, empapando a todo el mundo con su viscoso zumo. El ambiente es indescriptible: gritos, risas y muchas camisetas y vestidos que nunca volverán a recuperar su color original por mucho que se laven. Esta es la primera regla que deben cumplir los participantes de la Tomatina: llevar ropa y calzado viejo. Tampoco es recomendable ir descalzo porque las calles se convierten en un inmenso charco de tomate triturado y los resbalones están asegurados.

Después de una hora suena la carcasa que anuncia el fin de la batalla. Ya no se puede lanzar ni un solo tomate más. En realidad, todo el mundo está agotado pero feliz. Es entonces cuando entran en acción los bomberos del ayuntamiento que con sus mangueras tratan de limpiar un poco las calles del pueblo y de paso refrescar las caras rojas de los participantes de la fiesta. Hará falta todavía una buena ducha para recuperarse del cansancio y la suciedad, aunque por otra parte el jugo de tomate estará ejerciendo ya sus propiedades saludables en nuestra piel.

¿Cuál es el origen de la Tomatina de Buñol? Nos tenemos que ir al año 1944 cuando, durante un desfile de gigantes y cabezudos, se produjo una pelea entre dos bandas de vecinos: los que participaban en el desfile y los que querían hacerlo, pero no se les permitía. En medio de la refriega alguien echó mano de unos tomates que había en un puesto de frutas y verduras y los utilizó como arma arrojadiza. El resto le imitaron y los tomates volaron sobre las cabezas de todo el mundo.

Los alborotadores fueron castigados con severidad pero el impacto de la “guerra de tomate” había sido tan fuerte que los vecinos siguieron con la tradición año tras año, cada vez con más intensidad, hasta que las autoridades se rindieron y acabaron autorizando la fiesta, incorporando algunas reglas que aun hoy deben seguir estrictamente todos los que desean participar en ella: usar solo los tomates que proporciona el ayuntamiento, no lanzar ni un solo tomate fuera de la hora reservada a la batalla, evitar lastimar a los demás, no permitir que participen niños, etc.

Si te decides este año a ir a Buñol para disfrutar de esta fiesta tan “colorida” puedes llegar al pueblo desde Valencia por carretera o tren. El trayecto más recomendable para acercarse a Buñol es la línea C-3 de trenes de Cercanías o en coche por la Autovía A-3 de Valencia a Madrid.

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