El Museo de la Paz en Hiroshima

Hace ahora 66 años, concretamente el 6 de agosto de 1945, se usó por primera vez en la historia de la Humanidad un arma atómica en una guerra. El objetivo de esta devastadora bomba fue la ciudad japonesa de Hiroshima, cuyo nombre ha quedado unido para siempre a uno de los episodios más negros de la historia y a una tragedia humana sin precedentes.

La hasta entonces próspera ciudad de Hiroshima quedó prácticamente destruida después de aquel ataque. Decenas de miles de personas murieron de forma instantánea, volatilizadas, y un número de indeterminado fallecieron a los pocos días, aotras años después, a consecuencia de los efectos de la radiactividad sobre su organismo.

Cuando Japón se puso de nuevo en pie y la ciudad recuperó su vida normal, nadie quería olvidar aquel espanto. En el espacio desierto que había dejado el impacto inmediato de la bomba se construyó en 1955 un inmenso parque, el Parque de la Paz , sobre el cual se edificó el Museo de la Paz de Hiroshima, obra del arquitecto japonés Kenzo Tange. El objetivo: que nadie olvidara aquella barbarie y que nunca se volviera a repetir.

Como sucede cuando visitamos los campos de concentración de los nazis en Alemania o los kilométricos cementerios de guerra de Europa, macabro recuerdo de las guerras del siglo XX, las sensaciones del visitante en este museo son desagradables, aunque uno se siente reconfortado moralmente por la visita. En cualquier caso es una experiencia impactante y absolutamente recomendable, no solo para los amantes de la Historia, sino también para toda persona con un mínimo de sensibilidad.

En el interior del museo se puede revivir la tragedia de la ciudad de Hiroshima con imágenes y testimonios de todo tipo. El mensaje del museo no es solo una feroz crítica al uso de armas nucleares, sino también al militarismo en general y al japonés en particular.

En el parque que rodea el museo podremos tomar aire después de enfrentarnos cara a cara con la peor faceta de la humanidad. En el exterior se ven numerosas referencias al suceso de 1945, memoriales dedicados a los niños que murieron por la bomba, o las cenizas enterradas de las más de 70.000 víctimas sin identificar. También está allí la campana de la paz, que los visitantes hacen sonar en honor a la paz mundial.

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