Zanzíbar, en la Ruta de las Especies

Exotismo, mar, aventura … Zanzíbar es un sugerente destino capaz de unir en un solo viaje la fascinación de África con lo mejor de los destinos de sol y playa.  Este fabuloso enclave africano se levanta frente a las costas de Tanzania, en una región del planeta donde el mundo musulmán y la misteriosa África entran en contacto.

La historia de Zanzíbar es larga y esplendorosa, un cruce de caminos de mercaderes árabes, viajeros intrépidos, descubridores europeos, colonizadores, buscadores de fortunas y comerciantes indios. Una joya en plena costa swahili, caracterizada por su mezcla étnica y su diversidad.

En las últimas décadas Zanzíbar se reinventó a sí misma como detino turístico, gracias a este rico legado cultural y a la espectacular belleza de su entorno natural: la tupida selva de Jozani, atravesada por una carretera que va de norte a sur, que alberga una importante reserva de babuinos. En el interior de la isla también encontramos plantaciones de café y caña de azúcar, así como viejas aldeas de campesinos donde se vive todavía de espaldas al turismo.

La costa es otro cantar. Cerca de las playas de arena blanca se levantan modernos complejos hoteleros que cuentan con todas las comodidades. Los más lujosos se concentran en el norte, en Nungwi. De día los turistas se relajan tomado el sol y nadando en las cristalinas aguas del Índico, de noche la música se adueña del litoral y los lugares de ocio se mezclan locales y visitantes.

También en la costa de Zanzíbar se conservan algunas tradiciones y modos de vida, como el de las mujeres que cultivan algas. Cuando baja la marea, acuden a recoger su cosecha y las ponen a secar al sol. Después de todo el proceso las venden a los comercios y buena parte de ellas se exportan. Sus aplicaciones son numerosas: delicatessen, cosméticos, productos de salud…

Algo muy recomendable en Zanzíbar es probar su gastronomía. La isla fue una importante escala en la Ruta de las Especies y sus aromas impregnan no solo los platos tradicionales de la tierra, sino también las calles de sus pueblos e incluso el ritmo de la omnipresente música que acompaña al viajero durante toda su estancia en la isla, de principio a fin.

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