Faros de Formentera

Después de repasar la belleza solitaria de los faros de Ibiza, tomamos el barco rumbo al sur, a Formentera, la menor de las Pitiusas y un verdadero paraíso de playas vírgenes de arena blanca y aguas transparentes.

Debido a su reducida extensión y a su caprichos disposición geográfica, casi triangular, solo tres faros vigilan las costas de la menor de las islas Baleares habitadas. El primero que encontramos es el faro del puerto de La Savina, el que recibe a los visitantes que llegan desde Ibiza en barco. Es el menos llamativo de los tres y se limita a cumplir con diligencia su papel de vigía de la bocana del puerto.

A unos 20 kilómetros de La Savina se yergue poderoso el faro de La Mola (foto de arriba), sobre la mayor elevación del terreno de la isla, una especie de montaña redonda que mira hacia el este. Un emplazamiento espectacular sobre un vertigioso acantilado de más de 100 metros. Este faro se inauguró el 30 de noviembre de 1861 y en su larga historia guarda interesantes anécdotas, como la que tuvo lugar en 1944, cuando el farero rescató al piloto de una avión alemán que había caído a unas dos millas del faro, dándole alimento, ropa y cobijo. Por estos hechos el gobierno alemán, en plena II Guerra Mundial, entregó al farero un diploma y mil pesetas (una cantidad considerable para la época) como recompensa a su labor de rescate.

Tomamos ahora rumbo hacia el extremo sur de la isla, la zona más meridional de Baleares. La carretera parece pintada por un enorme pincel negro sobre un paisaje lunar de piedras sin vida. No hay casas, no hay caminos… Después de un cambio de rasante aparece con la grandiosidad del Medietrráneo al fondo el espectacular faro de Cap de Berberia.

Junto al faro hay una vieja atalaya que servía a los isleños para avistar la llegada de los piratas berberiscos (de ahí el nombre de este paraje).  Se levanta como un fantasma en el rincón más seco y despoblado de Formentera, mirando hacia África sobre un acantilado de 70 metros. Lo fascinante de este faro es el entorno solitario en el que ha sido levantado, en fechas bastante recientes, hace apenas cuatro décadas. Es un lugar mágico que ha servido de escenario a varias películas y spots publicitarios y al que acuden los viejos hippies de la isla a levantar túmulos de piedra como muestra de respeto a la naturaleza misteriosa de este lugar.

Nuestra próxima vista a los faros de Baleares será la de los faros mallorquines.

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