Vivir los Sanfermines en Pamplona

Cualquiera que tenga la feliz idea de visitar Pamplona durante las fiestas de San Fermín sentirá la misma fascinación que Ernest Hemingway, el escritor que ha inmortalizado y ha dado fama mundial a esos días de julio tan especiales en los que la capital navarra se viste de fiesta.

No le faltaban razones a Hemingway para elogiar los festejos pamplonicas. El San Fermín de Pamplona se vive intensamente tanto por parte de los habitantes de la ciudad como de los miles de turistas que abarrotan las calles. Un ambiente permanente de fiesta único en el mundo en la que la bebida y los pintxos corren en abundancia.

La fiesta comienza el 6 de julio, con el chupinazo, el lanzamiento del cohete desde la casa consistorial que marca el inicio de las celebraciones. Sin embargo, la gran seña de identidad de los sanfermines y el verdadero momento álgido de las fiestas tiene lugar durante los encierros matutinos de los toros bravos, en los que participan cientos de mozos, una marea de corredores vestidos de blanco y luciendo el característico pañuelo rojo.

Los toros son conducidos desde los Corrales de Santo Domingo hasta la Plaza de Toros. Antes de que los animales salgan, los mozos solicitan la protección del santo entonando un tradicional cántico en castellano y en euskera. El recorrido tiene lugar por las calles de la parte vieja de Pamplona. Los balcones de las casas, que se llegan a alquilar a precios altísimos, se llenan de gente que quiere vivir en primera fila este espectáculo único.

Por desgracia, cada año hay que lamentar cierto número de heridos en el transcurso de los encierros, en gran parte debido a la cantidad de turistas que se ponen a correr delante de los toros sin conocer el espíritu de la tradición ni respetar las normas elementales de seguridad, entre ellas la de no ingerir alcohol y haber descansado lo necesario antes de participar en el encierro.

Pero la inconsciencia de algunos no puede deslucir de ninguna manera la grandiosidad y emoción del momento de los encierros. También hay que destacar que en los últimos cien años el número de víctimas mortales no supera la veintena y que los esfuerzos de las autoridades por mejorar la seguridad son cada año mayores.

Se puede decir que Pamplona vive en una fiesta continua de 24 horas durante la Semana de los Sanfermines. Música en la calle, vino de Navarra, fuegos artificiales, gigantes y cabezudos, mucho ambiente y animación… Los hoteles y pensiones de la ciudad y los alrededores completos y las calles abarrotadas de gente mañana y tarde.

El punto final de esta semana de locura llega a las 12 de la noche del día 14, cuando la plaza del Ayuntamiento se llena de gente que, portando velas encendidas en sus manos, canta el tradicional “Pobre de mí“, el cántico que despide las fiestas hasta el año siguiente.

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