Las pirámides de Gizeh, treinta siglos de historia

No por conocido y millones de veces fotografiado, el imponente paisaje de Gizeh con las tres grandes pirámides deja de sobrecoger a los viajeros que llegan hasta este punto turístico de Egipto. Uno no puede evitar sentirse minúsculo ante esas moles cuya construcción se remonta varios milenios atrás en el tiempo, como bien recordó Napoleón a sus soldados cuando llegó aquí.

Antes que el general corso, el griego Herodoto ya escribía fascinado sobre esteas maravillas en medio del desierto egipcio. Las Pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos son la única de las siete maravillas del mundo antiguo que aún sigue intacta. Junto a ellas, como un silencioso y enigmático guardián, aparece la Esfinge.

La de Keops es la de mayor tamaño. Gracias de nuevo a Herodoto, podemos sabe que su construcción tardó 20 años y que era algo más alta de lo que hoy vemos. Además, ha perdido todo el revestimiento exterior que tenía, dejando los bloques de piedra a la vista. Penetrar en su interior es todavía más impresionante, tanto que algunos turistas no soportan la agobiante sensación de estar ncerrados bajo una montaña de piedra. Recorriendo la larga y estrecha galería de casi 50 metros se llega a una cámara rectangular de paredes y techos lisos: la Cámara del Rey, donde lo único que hay es un sarcófago.

La pirámide de Kefren puede parecer la más alta, ya que se edificó sobre una elevación del terreno. A diferencia de la de Keops, esta sí conserva la mayor parte de su capa original de revestimiento externo, por lo que nos da la sensación de ser más “nueva”. Su interior en cambio es mucho más simple. Está rodeada por un complejo funerario y una calzada con columnas que lo conduce directamente hasta la explanada en donde se encuentra la Esfinge.

Por último la pirámide de Micerinos, con 66 metros de altura, es claramente la más pequeña. Su cámara funeraria encerraba un sarcófago de basalto adornado con un motivo que estaba muy usado en el Antiguo Imperio Egipcio. Por desgracia, la embarcación que debía transportarlo a Inglaterra se hundió frente a las costas portuguesas tras una tormenta. ¿Otra maldición de los faraones? Tres pirámides satélites aun más pequeñas rodean la de Micerinos.

No se concibe un viaje a Egipto sin una visita a las Pirámides de Gizeh, una excursión no demasiado original, pero absolutamente imprescindible. Eso sí, mejor hacerlo con un tour organizado y evitando las horas más calurosas. Vale la pena pisar la arena de Gizeh, donde “treinta siglos de historia nos contemplan”.

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