El Gran Canal de Venecia

Como una especie de serpiente de agua de casi 4 kilómetros el Gran Canal se retuerce sobre el trazado urbano de la isla-ciudad de Venecia. Se creó para comunicar el continente con la dársena de San Marcos, el viejo puerto de la ciudad por donde pasaban las mercancías que los antiguos mercaderes traían y llevaban por todos los rincones del Mediterráneo.

Se puede decir entonces que el Gran Canal es un símbolo del poder y la gloria pasados de la Serenísima República de Venecia. Hoy todavía cumple su función de llevar a los turistas y visitantes desde los accesos por tierra a Venecia hasta el corazón de esta ciudad única en el mundo.

Para recorrer el Gran Canal tenemos varias opciones. La más apetecible y la preferida por las parejas de enamorados es hacerlo en góndola, pero resulta carísimo, nunca menos de 100 € por un viaje que apenas durará media hora. La mayoría de la gente se decanta por hacer el recorrido en el vaporetto que, con varias paradas, nos lleva de un extremo a otro del Gran Canal por poco dinero y con toda la parsimonia que el paseo merece, permitiéndosnos observar y admirar desde el agua los principales palacios, puentes e iglesias de Venecia.

La mejor es la línea 1,  que nos ofrece una panorámica del Palacio Ca´d´Oro, la Iglesia de Santa Maria della Salute y la Galeria della Accademia entre otros importantes edificios.

Quienes prefieran caminar, el Gran Canal también se puede cruzar a pie por uno de sus cuatro puentes:

  • Puente Rialto, el más famoso y antiguo de Venecia, además del más fotografiado.
  • Puente de la Academia. Hoy de madera, aunque originariamente fue construido en hierro en 1854.
  • Puente de los Descalzos: También llamado Puente de la Ferrovía por su cercanía a la estación de tren de Santa Lucía.
  •  Puente de la Constitución, con sabor español, ya que fue diseñado por el arquietecto valenciano Santiago Calatrava. Es el puente más moderno de Venecia, que sirve para comunicar Piazzale Roma con la Estación de tren.

Recorrer el Gran Canal es una experiencia casi mágica e imprescindible para sumergirse en el alma verdadera de Venecia y su magnetismo, que ya cautivó durante siglos a pintores como Canaletto, Turner o Manet.

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